Quiero creer, amor mío,
que no te has ido a la nada,
que al plenilunio recorres
las estancias de esta casa,
que deshojas Margaritas
sobre las tejas, al alba,
que haces vigilia en mi lecho,
que eres cuerpo, que eres alma,
que me observas cada noche
a través de la ventana,
que entrecierras tus ojitos
mientras dices que me amas,
que adormeces a la luna
y despiertas las mañanas,
que cuando hago el desayuno
—tal como tú acostumbrabas—
tomas conmigo el café,
bajo el sol, en la terraza.
Quiero creer, amor mío,
que la vida nunca acaba,
que la muerte es solo lluvia
y en cualquier momento escampa,
o un relámpago en la noche,
o una nube que derrama
la brisa que nos sonroja
si acaricia nuestras caras,
que la muerte es solo un eco
que se pierde en las montañas,
que no hay tumbas con tu nombre
y el cáncer solo es palabra
o un signo que en el zodíaco
solo sirve a quien le entraña,
que este dolor que yo siento
con tus besos se me pasa.
¡Quiero creer que estás viva
y que regresas mañana!.