danie
solo un pensamiento...
Quiero escribir un poema
pero tengo hambre de carnes sin aderezar,
tal vez hambre de historia, de memoria.
Quiero escribir un poema
pero tengo hambre, mucha hambre de patria desnuda.
Hambre que no se sacia con el menú diario:
ese que separa las grietas
con su correa de disciplina.
Quiero escribir un poema
pero pronto va ser navidad y tengo mucha hambre,
y no es hambre de gloria, fama y fortuna.
Tal vez sea hambre de solidaridad y empatía.
Quiero escribir un poema que no denigre al ser humano,
quiero escribir un poema equitativo
pero sobre esta hambre que tengo.
Hambre indignante,
retorciendo estómagos ajenos.
Donde hay ojos
que sin ser ciegos no quieren mirar
y bocas que sin ser mudas
no les interesan rezar.
Y sí, también tengo hambre
de carnes sin aderezar,
de compartir contigo, mi niña, un pedazo de pan
y ese vino Malbec que te gusta tanto.
Pero esa hambre seguirá como tantas otras hambres.
Un mundo con muchas bocas con hambre,
con mentes y estómagos con hambre.
Hambre y hambres que hombrean
los más miserables lenguajes de la doctrina:
como hambre de pala y pico,
de sufrimiento, de explotación,
sin derechos a ser sociedad.
Y entre tanta hambre, hambruna de soberanía,
de oferta y demanda, de monopolios, de corrupción,
hambre y sed del poder legislativo, ejecutivo y judicial,
hambruna del capital y las tierras
y también hambre terrateniente,
del coronel y el general.
Apetito voraz del otro, el tuyo y el mío.
Y entre tanta hambre y sed enceguecida
voy perdiendo la noción,
mi consciente e inconsciente
hasta desmayarme, casi desfallecer.
Lo último que logro recordar es que
quiero escribir un poema pero tengo hambre
de carnes sin aderezar... hambre esclavista, tal vez para muchos
pero a mí me gustan las carnes sin complicados chimichurris,
sin flores ni pimpollos, sin magias ni adulteradas especias,
sin dulces y bonitas palabras como libertad.
A lo sumo les puedo agregar un condimento bien nacional
como "una criolla" y cocción "vuelta y vuelta". Nada más.
Y vuelvo a decírtelo, cabrón primermundista:
quiero escribir un poema
pero tengo hambre, mucha hambre
de carnes sin aderezar.
pero tengo hambre de carnes sin aderezar,
tal vez hambre de historia, de memoria.
Quiero escribir un poema
pero tengo hambre, mucha hambre de patria desnuda.
Hambre que no se sacia con el menú diario:
ese que separa las grietas
con su correa de disciplina.
Quiero escribir un poema
pero pronto va ser navidad y tengo mucha hambre,
y no es hambre de gloria, fama y fortuna.
Tal vez sea hambre de solidaridad y empatía.
Quiero escribir un poema que no denigre al ser humano,
quiero escribir un poema equitativo
pero sobre esta hambre que tengo.
Hambre indignante,
retorciendo estómagos ajenos.
Donde hay ojos
que sin ser ciegos no quieren mirar
y bocas que sin ser mudas
no les interesan rezar.
Y sí, también tengo hambre
de carnes sin aderezar,
de compartir contigo, mi niña, un pedazo de pan
y ese vino Malbec que te gusta tanto.
Pero esa hambre seguirá como tantas otras hambres.
Un mundo con muchas bocas con hambre,
con mentes y estómagos con hambre.
Hambre y hambres que hombrean
los más miserables lenguajes de la doctrina:
como hambre de pala y pico,
de sufrimiento, de explotación,
sin derechos a ser sociedad.
Y entre tanta hambre, hambruna de soberanía,
de oferta y demanda, de monopolios, de corrupción,
hambre y sed del poder legislativo, ejecutivo y judicial,
hambruna del capital y las tierras
y también hambre terrateniente,
del coronel y el general.
Apetito voraz del otro, el tuyo y el mío.
Y entre tanta hambre y sed enceguecida
voy perdiendo la noción,
mi consciente e inconsciente
hasta desmayarme, casi desfallecer.
Lo último que logro recordar es que
quiero escribir un poema pero tengo hambre
de carnes sin aderezar... hambre esclavista, tal vez para muchos
pero a mí me gustan las carnes sin complicados chimichurris,
sin flores ni pimpollos, sin magias ni adulteradas especias,
sin dulces y bonitas palabras como libertad.
A lo sumo les puedo agregar un condimento bien nacional
como "una criolla" y cocción "vuelta y vuelta". Nada más.
Y vuelvo a decírtelo, cabrón primermundista:
quiero escribir un poema
pero tengo hambre, mucha hambre
de carnes sin aderezar.
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