Estás aquí, ahora,
a mi lado,
y no te mueves,
y no hablas,
y no lloras,
ni cantas,
ni gritas.
No dirijes la mirada,
la dejas vagar junto a la sombra,
contemplando los signos de una pregunta,
con tus pupilas fuera del círculo,
en la arena.
Sacias tu sed,
con la sed de los desiertos,
blancos.
Buscas
arañando los márgenes del aire,
tu sentir, en el umbral delicado,
de la muerte,
de la vida.
Estoy aquí, ahora,
a tu lado,
y no muevo el aire,
y el aire no me mueve,
y el silencio me calla,
y callo el silencio.
El agua cae en el agua
y la piedra contra la piedra.
El aire suave de la tarde nos eleva
sobre los tumbas,
sobre las sombras,
no nos movemos,
no hablamos,
no lloramos.
Nuestros dedos dicen de la quietud del instante
de la templanza de los labios
de la ternura que habita en tus pestañas de seda,
Te irás
me iré
Ya es hora,
ya no habrán flores distintas,
Rosa blanca.
Rosa roja,
abriendo la danza
de las dos rosas
La música ya cesa,
y con la última nota
vibraremos acompasados,
en el murmullo inaccesible
del amor que se alimenta
de los silencios depositados
en el transcurrirr de una vida.
Quietud,
silencio,
en el verso
Oh! El verso de ti
¿No escuchas, mi amor,
un rumor de pétalos, en el aire más denso?
a mi lado,
y no te mueves,
y no hablas,
y no lloras,
ni cantas,
ni gritas.
No dirijes la mirada,
la dejas vagar junto a la sombra,
contemplando los signos de una pregunta,
con tus pupilas fuera del círculo,
en la arena.
Sacias tu sed,
con la sed de los desiertos,
blancos.
Buscas
arañando los márgenes del aire,
tu sentir, en el umbral delicado,
de la muerte,
de la vida.
Estoy aquí, ahora,
a tu lado,
y no muevo el aire,
y el aire no me mueve,
y el silencio me calla,
y callo el silencio.
El agua cae en el agua
y la piedra contra la piedra.
El aire suave de la tarde nos eleva
sobre los tumbas,
sobre las sombras,
no nos movemos,
no hablamos,
no lloramos.
Nuestros dedos dicen de la quietud del instante
de la templanza de los labios
de la ternura que habita en tus pestañas de seda,
Te irás
me iré
Ya es hora,
ya no habrán flores distintas,
Rosa blanca.
Rosa roja,
abriendo la danza
de las dos rosas
La música ya cesa,
y con la última nota
vibraremos acompasados,
en el murmullo inaccesible
del amor que se alimenta
de los silencios depositados
en el transcurrirr de una vida.
Quietud,
silencio,
en el verso
Oh! El verso de ti
¿No escuchas, mi amor,
un rumor de pétalos, en el aire más denso?