Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
De muchas cosas
se salva el mudo de la esquina
Su difultad lo libra del sufrimiento
Pues yo que hablo quisiera
contarle que idolatro sus
labios de cerezas,
que su nombre tengo clavado en la cabeza y el aroma de su voz me ayuda a respirar un sueño.
Qué dichoso me parece este mudo que sus señas pueden ser oidas por ella, mientras ella entierra mi voz en el silencio indeseable de su oido y todo los versos que dicirle he querido, quedaron en el viento
Que ironía... tiempos
perdidos en harvard, tantos seminarios de semántica y hermenéutica, talleres
de retórica e interpretaciones,
hoy quisiera interpretar al mudo; saber lo que dice y piensa, saber cómo le hace
Para que ella mueva
la cabeza tan feliz, tan llena de alegría.
Que impotencia! La envidia me carcome y pensar que
el impotente era otro...
Quisiera darle mis oídos y mí voz al mudo bandido, a cambio de su amor, pero hay cosas que aunque se quieran
simplemente no se dan.
se salva el mudo de la esquina
Su difultad lo libra del sufrimiento
Pues yo que hablo quisiera
contarle que idolatro sus
labios de cerezas,
que su nombre tengo clavado en la cabeza y el aroma de su voz me ayuda a respirar un sueño.
Qué dichoso me parece este mudo que sus señas pueden ser oidas por ella, mientras ella entierra mi voz en el silencio indeseable de su oido y todo los versos que dicirle he querido, quedaron en el viento
Que ironía... tiempos
perdidos en harvard, tantos seminarios de semántica y hermenéutica, talleres
de retórica e interpretaciones,
hoy quisiera interpretar al mudo; saber lo que dice y piensa, saber cómo le hace
Para que ella mueva
la cabeza tan feliz, tan llena de alegría.
Que impotencia! La envidia me carcome y pensar que
el impotente era otro...
Quisiera darle mis oídos y mí voz al mudo bandido, a cambio de su amor, pero hay cosas que aunque se quieran
simplemente no se dan.
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