La Sexorcisto
Lluna V. L.
Ahí estábamos en Marte, Juanito y yo ,
habíamos sobrevivido a una expedición sin retorno
en la que habíamos salido elegidos
por la cara de yonkis que teníamos,
gracias al jodido realismo sucio estábamos vivos,
el espíritu del vejete Bukowski se nos aparecía
cada mañana para darnos ánimos en el rosáceo cielo
mientras no parábamos de fumar marihuana
que habíamos cultivado en el suelo terraformado,
lo mejor de todo es que había mucho terreno
para poder cagar y mear, no nos hacía falta WC,
habíamos pensando en reproducirnos
y poblar el planeta rojo,
pero a él no se la plantaba de tanta droga
y mi coño estaba más tieso que una barra de acero,
de todas formas estábamos contentos
pasábamos de la tecnología y de computadoras
si alguna vez nos daba un infarto por sobredosis
Chinaski reencarnado en un arcángel nos resucitaba,
ya no nos acordábamos de nuestros compañeros
que la habían palmado en algún momento,
demasiado seguidores de la poesía romántica, tal vez,
nos gustaba como resonaba el eco de nuestras chaladuras
en montañas más altas que el Everest,
no encontramos marcianos, una lástima,
por que nos hubiera encantado compartir nuestra maría.
Podíamos observas infinitas estrellas en el cosmos
nosotros éramos dos pequeños puntos,
pero vivamos una vida alegre de pseudogranjeros
el realismo sucio del polvo de Marte a veces nos nublaba los ojos,
pero continuábamos duros y rebeldes,
yo medio calva y él sin dientes.
habíamos sobrevivido a una expedición sin retorno
en la que habíamos salido elegidos
por la cara de yonkis que teníamos,
gracias al jodido realismo sucio estábamos vivos,
el espíritu del vejete Bukowski se nos aparecía
cada mañana para darnos ánimos en el rosáceo cielo
mientras no parábamos de fumar marihuana
que habíamos cultivado en el suelo terraformado,
lo mejor de todo es que había mucho terreno
para poder cagar y mear, no nos hacía falta WC,
habíamos pensando en reproducirnos
y poblar el planeta rojo,
pero a él no se la plantaba de tanta droga
y mi coño estaba más tieso que una barra de acero,
de todas formas estábamos contentos
pasábamos de la tecnología y de computadoras
si alguna vez nos daba un infarto por sobredosis
Chinaski reencarnado en un arcángel nos resucitaba,
ya no nos acordábamos de nuestros compañeros
que la habían palmado en algún momento,
demasiado seguidores de la poesía romántica, tal vez,
nos gustaba como resonaba el eco de nuestras chaladuras
en montañas más altas que el Everest,
no encontramos marcianos, una lástima,
por que nos hubiera encantado compartir nuestra maría.
Podíamos observas infinitas estrellas en el cosmos
nosotros éramos dos pequeños puntos,
pero vivamos una vida alegre de pseudogranjeros
el realismo sucio del polvo de Marte a veces nos nublaba los ojos,
pero continuábamos duros y rebeldes,
yo medio calva y él sin dientes.
Última edición: