Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Su piel limpia y delicada se recortaba frente al ventanal,
afuera el frío estrangulaba la mañana,
las cortinas caían floreadas sobre su seno del alba,
sus caderas mostraban lozanía cincelada.
Su dedo dibujaba en el vidrio,
el árbol desnudo meciendo sus ramas,
sus ojos vidriosos a punto de estallar su mirada;
se quedan fijos,
mientras dos lágrimas ruedan inmaculadas.
Una cae precisa en su pezón,
la otra
al vacío haciendo más inmenso el hueco en su mama
afuera el frío estrangulaba la mañana,
las cortinas caían floreadas sobre su seno del alba,
sus caderas mostraban lozanía cincelada.
Su dedo dibujaba en el vidrio,
el árbol desnudo meciendo sus ramas,
sus ojos vidriosos a punto de estallar su mirada;
se quedan fijos,
mientras dos lágrimas ruedan inmaculadas.
Una cae precisa en su pezón,
la otra
al vacío haciendo más inmenso el hueco en su mama