Viajé por tu silueta, perpetuada en mis recuerdos
Dormité entre tus brazos y anidé en tu pecho.
Le robé a tus labios el soplo de tu cálido aliento.
Y me bebí muy despacio el néctar de tus besos.
Contemplé a tu sagrado corazón, y en mi embelezo,
me acuné entre tus piernas y me sentí en el cielo.
Tus manos tomé y con ellas configuré en silencio,
una trenza de amor que prendí de tus cabellos.
Gasté todas tus palabras en infinitos te quieros,
y tu voz ronca y extasiada, la deslicé por mis senos;
que erguidos a tu espalda, se vistieron de luceros
Y no hubo lunar, que a mi falda, no se rindiera sereno.
No hubo uñas quebradas que se enterraran, empero
hubo luna plateada en tus ojos, cuando te dije: regreso...