BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desprecian los grandes símbolos
árbol luz ciénaga corrupta desastre estelar
y aman los suplicios de las moscas en su
particular avance. Desdeñan siempre
la parte ofrecida, el junco hermoso, la pelea
de gallos que ofrenda el amanecer a algunos.
Unen por antonomasia los hijos de Belcebú
contradiciendo normas magistrales de belleza
preternatural, e igualan las rosas que maldicen
al invierno. Comen de la mano de los agentes oficiales,
y sacrifican al viento, los senderos milagrosos
de las gentes sencillas y abrumadas por el mosto.
Conversan con la luna cuando se recitan versos
y se merienda al aire libre, y hay entre ellos, una
bolsa llena de cáscaras de tomate, y una silla de ruedas
prevista.
Hay colecciones de náufragos que asisten perplejos
a sus bodas en el océano, y un camión insistente
que mira de reojo a las canciones del porvenir.
Las casetas inundadas, los barrios degradados,
por la pobreza, la mezquindad, o el orgullo, dinamitados,
estallan en sus células cuando de palabras se trata
e incendian en las noches de agosto su tergiversadora conversación.
Rumian su dicha con palanganas y buscan su terciopelo
en los largos ríos fluviales, sangre que resuelven en misteriosos
orificios de cal y llanto.
Bruscamente apetecidos los vómitos escancian su oxígeno pestilente
mientras en la niebla, avanzan grupos con cansancio de años.
Deleznables ministerios del sueño, todo está definitivamente
perdido! En los barros, y en los lechos acuosos, mirad sí,
vuestro rostro invadido por orugas.
©
árbol luz ciénaga corrupta desastre estelar
y aman los suplicios de las moscas en su
particular avance. Desdeñan siempre
la parte ofrecida, el junco hermoso, la pelea
de gallos que ofrenda el amanecer a algunos.
Unen por antonomasia los hijos de Belcebú
contradiciendo normas magistrales de belleza
preternatural, e igualan las rosas que maldicen
al invierno. Comen de la mano de los agentes oficiales,
y sacrifican al viento, los senderos milagrosos
de las gentes sencillas y abrumadas por el mosto.
Conversan con la luna cuando se recitan versos
y se merienda al aire libre, y hay entre ellos, una
bolsa llena de cáscaras de tomate, y una silla de ruedas
prevista.
Hay colecciones de náufragos que asisten perplejos
a sus bodas en el océano, y un camión insistente
que mira de reojo a las canciones del porvenir.
Las casetas inundadas, los barrios degradados,
por la pobreza, la mezquindad, o el orgullo, dinamitados,
estallan en sus células cuando de palabras se trata
e incendian en las noches de agosto su tergiversadora conversación.
Rumian su dicha con palanganas y buscan su terciopelo
en los largos ríos fluviales, sangre que resuelven en misteriosos
orificios de cal y llanto.
Bruscamente apetecidos los vómitos escancian su oxígeno pestilente
mientras en la niebla, avanzan grupos con cansancio de años.
Deleznables ministerios del sueño, todo está definitivamente
perdido! En los barros, y en los lechos acuosos, mirad sí,
vuestro rostro invadido por orugas.
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