F. Marcos
F. Marcos
En la oquedad de una roca
frente al cálido mar,
acomodo mi cuerpo...suspiro
entrecierro los ojos,
y los labios esbozan
una leve sonrisa,
de complicidad y placer.
El placentero contacto
de las templadas piedras,
-rescoldo del sol dormido-
suaviza mi rebeldía
y, suspirando profundo
inhalo con ansia
el tenue sabor de la noche.
Ya se cierne el manto oscuro
que silueta el entorno,
y el crepúsculo nocturno
nos muestro su repertorio,
de esas sobras silenciosas
con fantasmas y demonios.
"Es... la mente humana
que, -dando forma a sus miedos-
torna en monstruos de noche
el paisaje de la mañana".
Es hora de volar
mientras duermen las gaviotas.
El momento de soñar
contemplando las estrellas.
De dejarte acariciar
por la brisa marinera.
De volver a nuestro hogar
donde el amor nos espera.
"Alguien dijo una vez:
¡Se teme lo que no se conoce!
más... se, de muy buena fe
de cosas que son de temer,
por lo bien que se conocen".
frente al cálido mar,
acomodo mi cuerpo...suspiro
entrecierro los ojos,
y los labios esbozan
una leve sonrisa,
de complicidad y placer.
El placentero contacto
de las templadas piedras,
-rescoldo del sol dormido-
suaviza mi rebeldía
y, suspirando profundo
inhalo con ansia
el tenue sabor de la noche.
Ya se cierne el manto oscuro
que silueta el entorno,
y el crepúsculo nocturno
nos muestro su repertorio,
de esas sobras silenciosas
con fantasmas y demonios.
"Es... la mente humana
que, -dando forma a sus miedos-
torna en monstruos de noche
el paisaje de la mañana".
Es hora de volar
mientras duermen las gaviotas.
El momento de soñar
contemplando las estrellas.
De dejarte acariciar
por la brisa marinera.
De volver a nuestro hogar
donde el amor nos espera.
"Alguien dijo una vez:
¡Se teme lo que no se conoce!
más... se, de muy buena fe
de cosas que son de temer,
por lo bien que se conocen".