Suave María,
canto de viento y roca,
de aleluyas a la mar;
se alza tu alma sobre la urbe, y el sueño
que velas, como sofito de tus anhelos.
En tu sonrisa luminaria hay una espera peregrina,
como respuesta a la ternura, o una clase de ternura
que no se logra comprender.
Me veo por ello, en la imperiosa necesidad, amiga mía,
de acudir a estos versos de (Rubén Darío) por los que el hombre,
no debería vivir, sino dirigir su vida.
(Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios la primera imprime:
En tus venas no corre la sangre de las rosas pecadoras,
sino el licor excelso de las flores insignes).
Tus labios soleta, de encendida jornada,
son el puerto de mirificas palabras; silvestre ibera.
Cuando palpo y observo: ese sueño verde de niños sepia,
te veo como una reminiscencia.
canto de viento y roca,
de aleluyas a la mar;
se alza tu alma sobre la urbe, y el sueño
que velas, como sofito de tus anhelos.
En tu sonrisa luminaria hay una espera peregrina,
como respuesta a la ternura, o una clase de ternura
que no se logra comprender.
Me veo por ello, en la imperiosa necesidad, amiga mía,
de acudir a estos versos de (Rubén Darío) por los que el hombre,
no debería vivir, sino dirigir su vida.
(Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios la primera imprime:
En tus venas no corre la sangre de las rosas pecadoras,
sino el licor excelso de las flores insignes).
Tus labios soleta, de encendida jornada,
son el puerto de mirificas palabras; silvestre ibera.
Cuando palpo y observo: ese sueño verde de niños sepia,
te veo como una reminiscencia.