Sebastián Figueroa
Poeta recién llegado
Repetido y adorado,
tu nombre se desvanece en mi mirada.
Se dormita en arrullo,
se despide silente.
Las hojas del otoño parecen sacrificarse a nuestro paso,
todo se abandona,
todo pende sobre nuestro llanto.
Penden las mañanas oscuras,
los sueños malgastados,
las miradas negadoras,
los dolientes gemidos de las manos huérfanas.
Madre de mis manos era tu espalda,
santa y carnal, tu espalda,
santa y silenciosa.
Los sonidos de la mañana, aromados,
las tazas calientes, las manos encontradas,
las miradas negadoras,
todo pende, sobre nuestro llanto.
La espalda madre, las manos hijas, sin embargo,
aún nos esperan.
Sebastián Figueroa
©DR
tu nombre se desvanece en mi mirada.
Se dormita en arrullo,
se despide silente.
Las hojas del otoño parecen sacrificarse a nuestro paso,
todo se abandona,
todo pende sobre nuestro llanto.
Penden las mañanas oscuras,
los sueños malgastados,
las miradas negadoras,
los dolientes gemidos de las manos huérfanas.
Madre de mis manos era tu espalda,
santa y carnal, tu espalda,
santa y silenciosa.
Los sonidos de la mañana, aromados,
las tazas calientes, las manos encontradas,
las miradas negadoras,
todo pende, sobre nuestro llanto.
La espalda madre, las manos hijas, sin embargo,
aún nos esperan.
Sebastián Figueroa
©DR