Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un perro ladra, incesantemente,
frente a una pared dormida
y sin pestañas para alejar al polvo de sus sueños.
Imagino frágiles los huesos,
grava pulida en fondos de serpiente
que grita al paso de las aguas.
Hay soledades, que no encuentran orillas
al ser arrojadas lejos de los labios
y se van hundiendo lentamente,
dando vueltas, buscando,
hallando quizás cuando se ama
un punto fijo,
aferrándose a lo verde de la huella
de la hoja, como esa uña hincada
a la carne de lo vivo;
para no ver la muerte se hace herida,
eso bien lo saben las piedras
que se van disgregando,
que van extendiendo la piel a la intemperie.
Todos los golpes tienen algo de caricia
para lo más duro;
los recuerdos de una playa siempre fueron fríos
hasta fundirse, como tú y yo
en ese abrazo que tuvo consecuencias,
su respuesta en el batir de las olas.
frente a una pared dormida
y sin pestañas para alejar al polvo de sus sueños.
Imagino frágiles los huesos,
grava pulida en fondos de serpiente
que grita al paso de las aguas.
Hay soledades, que no encuentran orillas
al ser arrojadas lejos de los labios
y se van hundiendo lentamente,
dando vueltas, buscando,
hallando quizás cuando se ama
un punto fijo,
aferrándose a lo verde de la huella
de la hoja, como esa uña hincada
a la carne de lo vivo;
para no ver la muerte se hace herida,
eso bien lo saben las piedras
que se van disgregando,
que van extendiendo la piel a la intemperie.
Todos los golpes tienen algo de caricia
para lo más duro;
los recuerdos de una playa siempre fueron fríos
hasta fundirse, como tú y yo
en ese abrazo que tuvo consecuencias,
su respuesta en el batir de las olas.