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Romance de lo que somos

poetakabik

Poeta veterano en el portal
Llegan todas, una a una,
sin permiso ni llamada,
como el pulso de la vida
cuando en mí se reconoce.

La tristeza se hace pausa
y en su llanto me acompasa,
la alegría, sin ruido,
se desliza y me descansa.

La ansiedad roza mi pecho
como un eco que reclama,
y la ira, en su lenguaje,
pone límites… y resguarda.

El miedo vela en la sombra
lo que aún no se ha mirado,
y la duda abre caminos
donde nada está cerrado.

La soledad me recoge
cuando el mundo se apaga,
y el deseo enciende en mí
lo que busca ser palabra.

No hay ninguna que me sobre,
ni ninguna que me falte,
todas forman este pulso
que en lo humano se comparte.

Ya no lucho por callarlas,
ni pretendo gobernarlas,
las escucho… y en su paso
voy aprendiendo a habitarlas.

Y en ese ir y venir
de lo que nace y se marcha,
descubro que no soy ellas…
pero en todas me encontraba.
 
Este poema habla de aceptación emocional y autoconocimiento profundo. Expresa cómo todas las emociones —tristeza, alegría, ansiedad, ira, miedo, duda, soledad y deseo— llegan sin aviso, como parte natural de la vida, y cada una cumple una función dentro del ser. No se presentan como enemigas, sino como experiencias necesarias que acompañan, protegen, enseñan o revelan algo. A lo largo del poema se transforma la relación con ellas: ya no se rechazan ni se intentan controlar, sino que se escuchan y se habitan. El cierre es clave, porque reconoce que la persona no es sus emociones, pero sí se reconoce en todas ellas; es decir, hay una identidad más amplia que las contiene. En esencia, el poema dice: soy humano porque siento todo esto, y aprendo a vivir en equilibrio con lo que siento, sin negarlo ni perderme en ello.
 

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