En este retiro de misteriosa penumbra
sumido en la soledad del momento,
el silencio hiere el alma
y lo llena de aromas.
De cómo el recuerdo se va marchando,
se va haciendo más pequeño,
sin voz, lentamente...
Aquel que fuera luz,
aquel que fuera gesto, aliento,
aún vibra en la memoria.
Desnuda llevo el alma y
hay tanta quietud en esta hora tranquila,
que los besos del mar
se empeñan en recordarla.
Quizás para que escriba su nombre sobre las olas.