Antares
Poeta adicto al portal
Supuso que era el fin de todo
y se alojó en la infancia.
Ese lugar mágico donde la ternura
y la alegría renuevan los espíritus.
Recordó sus muñecas de papel,
el olor del plumier lleno de lápices de colores,
el griterío en el patio de la escuela
en tiempo de recreo,
las lecciones que aprendió
y las que aún debe aprender.
La incertidumbre casi siempre
es dolorosa.
No sé lo que se perdió,
pero supo quedarse con la luz ambarina
de una puesta de sol.
Con el sonido del agua de un arroyo
deslizándose por la montaña.
Un paseo bajo las estrellas
y una bella melodía.
Los pájaros…
Siempre ellos acompañando sus poemas.
La sensación táctil
de las pieles que se aman.
El aire que llena sus pulmones.
Respiración, jadeos y un corazón para todos.
La lluvia que resbala por un cristal
y la que caló un día sus huesos.
El calor de hogar y la risa
de los seres queridos.
Por todas estas cosas aprendió que
saber agradecer es
la mejor manera de saber vivir.