Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Renegáis de La Maldad a sus espaldas;
y cuando os la encontráis de frente
os arrojáis a sus pies y esnifáis las migajas que os escupe,
como perros que,
aún molidos a palos,
lamen la mano del amo.
Le lloráis vinagre cuando ya no os quedan lágrimas
y os claváis dedos bulímicos hasta la tráquea
para expulsar el poco orgullo
que todavía os suplica que detengáis la humillación.
No seré hipócrita.
Confieso que yo también me he sentido agradecida
de que La Maldad se me corriese encima.
¡Agradecida! por dejar que me picase los labios a mordiscos.
Y le he servido sopas de sangre y tinta
en cuencos de marfil
hechos a mano con mis propias muelas.
La he acunado en mi pecho desollado,
fumando perfumes de válium para poder dormir.
¡He alabado sus doctrinas enloquecidas como si fuesen la única verdad del mundo!
Somos masoquistas.
Nuestra mutación,
nuestras religiones
e inclusos nuestros vicios
están sujetos a las ansias de sufrimiento.
Colapsamos ante ideales utópicos que nos han gangrenado los ojos.
Dibujamos nuestros sueños
en los posos de la ceniza hervida para infusiones.
Y los tragamos como si así pudiesen germinar en nuestras tripas.
La Humanidad ha ido evolucionando en seguimiento de la esquizofrenia.
y cuando os la encontráis de frente
os arrojáis a sus pies y esnifáis las migajas que os escupe,
como perros que,
aún molidos a palos,
lamen la mano del amo.
Le lloráis vinagre cuando ya no os quedan lágrimas
y os claváis dedos bulímicos hasta la tráquea
para expulsar el poco orgullo
que todavía os suplica que detengáis la humillación.
No seré hipócrita.
Confieso que yo también me he sentido agradecida
de que La Maldad se me corriese encima.
¡Agradecida! por dejar que me picase los labios a mordiscos.
Y le he servido sopas de sangre y tinta
en cuencos de marfil
hechos a mano con mis propias muelas.
La he acunado en mi pecho desollado,
fumando perfumes de válium para poder dormir.
¡He alabado sus doctrinas enloquecidas como si fuesen la única verdad del mundo!
Somos masoquistas.
Nuestra mutación,
nuestras religiones
e inclusos nuestros vicios
están sujetos a las ansias de sufrimiento.
Colapsamos ante ideales utópicos que nos han gangrenado los ojos.
Dibujamos nuestros sueños
en los posos de la ceniza hervida para infusiones.
Y los tragamos como si así pudiesen germinar en nuestras tripas.
La Humanidad ha ido evolucionando en seguimiento de la esquizofrenia.
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