Salió una foto desnuda
y los que aúllan son violadores de callejón,
ladrones de madrugada,
moralistas que huelen a sustancias y mentiras.
Se le llama cuero si lo entrega por dinero,
pero si lo da por amor,
es un acto puro.
Así dictan los jueces invisibles
que pagan por lo que luego condenan.
No usan caretas,
porque su propio rostro
es la máscara del asco.
Tienen un cuerpo ajeno en la boca
y una palabra sucia en la lengua.
Las prostitutas siguen con las puertas cerradas,
los presos inocentes
oxidan los huesos tras barrotes,
y los culpables beben whisky importado
en oficinas con aire acondicionado.
A las menores embarazadas las llaman pecadoras,
pero nadie les enseñó lo que era un condón.
La lección siempre llega tarde,
con un vientre lleno y un futuro roto.
La Biblia se alza como espada,
pero está manchada de deseo y sangre.
La decencia se predica desde camas calientes
y sábanas que no conocen el arrepentimiento.
La calle se llena de voces que escupen veneno,
de bocas podridas que gritan pureza
mientras hunden las uñas en carne prohibida.
A todos los doble moral,
córtenles la lengua,
que el silencio de la hipocresía
es más limpio que su palabra.
-Dior
y los que aúllan son violadores de callejón,
ladrones de madrugada,
moralistas que huelen a sustancias y mentiras.
Se le llama cuero si lo entrega por dinero,
pero si lo da por amor,
es un acto puro.
Así dictan los jueces invisibles
que pagan por lo que luego condenan.
No usan caretas,
porque su propio rostro
es la máscara del asco.
Tienen un cuerpo ajeno en la boca
y una palabra sucia en la lengua.
Las prostitutas siguen con las puertas cerradas,
los presos inocentes
oxidan los huesos tras barrotes,
y los culpables beben whisky importado
en oficinas con aire acondicionado.
A las menores embarazadas las llaman pecadoras,
pero nadie les enseñó lo que era un condón.
La lección siempre llega tarde,
con un vientre lleno y un futuro roto.
La Biblia se alza como espada,
pero está manchada de deseo y sangre.
La decencia se predica desde camas calientes
y sábanas que no conocen el arrepentimiento.
La calle se llena de voces que escupen veneno,
de bocas podridas que gritan pureza
mientras hunden las uñas en carne prohibida.
A todos los doble moral,
córtenles la lengua,
que el silencio de la hipocresía
es más limpio que su palabra.
-Dior