Se deconstruye un hombre enamorado
cuando deja de fingir que es de hierro,
cuando aprende que también se quiebra
la voz de quien parecía fuerte.
Se desarma poco a poco,
como una casa vieja frente al viento,
cae primero el orgullo,
después la máscara,
luego ese silencio aprendido
con el que escondía sus temblores.
Un hombre enamorado
no pierde su hombría por decir “te extraño”,
ni se vuelve menos hombre
por llorar frente a una ausencia.
Al contrario:
se vuelve más humano,
más verdad,
más carne abierta bajo la lluvia.
Se deconstruye
cuando entiende que amar
no es poseer,
no es mandar,
no es vencer la voluntad de nadie,
sino quedarse desnudo de ego
frente a otra alma
y decir sin armas:
aquí estoy,
con todo lo que fui,
con todo lo que me falta.
Y entonces descubre
que el amor no lo destruye:
lo revela.
Le arranca lo falso,
le limpia la sombra,
le enseña que también puede ser ternura
sin dejar de ser fuego.
Porque un hombre enamorado,
cuando se deconstruye de verdad,
no queda en ruinas:
queda abierto.
Y en esa grieta
donde antes vivía el miedo,
empieza a crecer
una forma más limpia
de amar.
cuando deja de fingir que es de hierro,
cuando aprende que también se quiebra
la voz de quien parecía fuerte.
Se desarma poco a poco,
como una casa vieja frente al viento,
cae primero el orgullo,
después la máscara,
luego ese silencio aprendido
con el que escondía sus temblores.
Un hombre enamorado
no pierde su hombría por decir “te extraño”,
ni se vuelve menos hombre
por llorar frente a una ausencia.
Al contrario:
se vuelve más humano,
más verdad,
más carne abierta bajo la lluvia.
Se deconstruye
cuando entiende que amar
no es poseer,
no es mandar,
no es vencer la voluntad de nadie,
sino quedarse desnudo de ego
frente a otra alma
y decir sin armas:
aquí estoy,
con todo lo que fui,
con todo lo que me falta.
Y entonces descubre
que el amor no lo destruye:
lo revela.
Le arranca lo falso,
le limpia la sombra,
le enseña que también puede ser ternura
sin dejar de ser fuego.
Porque un hombre enamorado,
cuando se deconstruye de verdad,
no queda en ruinas:
queda abierto.
Y en esa grieta
donde antes vivía el miedo,
empieza a crecer
una forma más limpia
de amar.