Si alguna vez regresas

gatoazul

Liquido hipsters por placer
Si alguna vez regresas
verás que las cosas, salvo excepciones,
no han cambiado mucho por aquí.
Los libros siguen en sus estanterías,
nuestras fotos continúan alineadas sobre el escritorio
y la butaca del dormitorio aún parece esperar
que dejes precipitadamente tu ropa
sobre su respaldo.
Las sábanas siguen preguntándome por ti. Cada maldita noche.
Se ponen pesadísimas.
Lo mismo que las toallas, que misteriosamente
se humedecen antes de salir de la ducha.
"En homenaje a ella", me dicen las muy cerdas.

Luego estoy yo.
También sigo por aquí.
Un poco más ajado y envejecido, todo hay que decirlo
(que a veces tengo que apuntar las cosas
para no olvidarlas, como ir cada dos lunes
a la consulta a pedir mi receta de serotonina).
Y por si eso fuera poco,
con la peor mala leche que recuerdo.
Y echándote de menos tres mil seiscientos segundos cada hora,
desayunando café con leche, largo de melancolía
acompañado de cereales enriquecidos con nostalgia
y un vaso de zumo amargo de temporada.

Estas son las excepciones a las que me refería
pero en general,
si alguna vez regresas,
verás que las cosas
no han cambiado mucho por aquí.
 
Última edición:
Si alguna vez regresas
verás que las cosas, salvo excepciones,
no han cambiado mucho por aquí.
Los libros siguen en sus estanterías,
nuestras fotos continúan alineadas sobre el escritorio
y la butaca del dormitorio aún parece esperar
que dejes precipitadamente tu ropa
sobre su respaldo.
Las sábanas siguen preguntándome por ti. Cada maldita noche.
Se ponen pesadísimas.
Lo mismo que las toallas, que misteriosamente
se humedecen antes de salir de la ducha.
"En homenaje a ella", me dicen las muy cerdas.

Luego estoy yo.
También sigo por aquí.
Un poco más ajado y envejecido, todo hay que decirlo
(que a veces tengo que apuntar las cosas
para no olvidarlas, como ir cada dos lunes
a la consulta a pedir mi receta de serotonina).
Y por si eso fuera poco,
con la peor mala leche que recuerdo.
Echándote de menos tres mil seiscientos segundos cada hora,
desayunando café con leche, largo de melancolía
acompañado de cereales enriquecidos con nostalgia
y un vaso de zumo amargo de temporada.

Estas son las excepciones a las que me refería
pero en general,
si alguna vez regresas,
verás que las cosas
no han cambiado mucho por aquí.
El tiempo pasa, pero por regla general las cosas se resisten a cambiar. En cambio, muy al contrario, como muy bien tú señalas, nosotros no. Nosotros cambiamos bastante, en todos los sentidos.

Me gustó el poema, gato, ya viste que me hizo reflexionar y dejarte esa pequeña tontería ahí arriba.

Un abrazo.
 
Si alguna vez regresas
verás que las cosas, salvo excepciones,
no han cambiado mucho por aquí.
Los libros siguen en sus estanterías,
nuestras fotos continúan alineadas sobre el escritorio
y la butaca del dormitorio aún parece esperar
que dejes precipitadamente tu ropa
sobre su respaldo.
Las sábanas siguen preguntándome por ti. Cada maldita noche.
Se ponen pesadísimas.
Lo mismo que las toallas, que misteriosamente
se humedecen antes de salir de la ducha.
"En homenaje a ella", me dicen las muy cerdas.

Luego estoy yo.
También sigo por aquí.
Un poco más ajado y envejecido, todo hay que decirlo
(que a veces tengo que apuntar las cosas
para no olvidarlas, como ir cada dos lunes
a la consulta a pedir mi receta de serotonina).
Y por si eso fuera poco,
con la peor mala leche que recuerdo.
Echándote de menos tres mil seiscientos segundos cada hora,
desayunando café con leche, largo de melancolía
acompañado de cereales enriquecidos con nostalgia
y un vaso de zumo amargo de temporada.

Estas son las excepciones a las que me refería
pero en general,
si alguna vez regresas,
verás que las cosas
no han cambiado mucho por aquí.


Y así es la soledad cuando uno se va, y queda la rutina del diario vivir, arropando los recuerdos. Lindo poema para retratar una nostalgia aplastante, puedo imaginarlo.

Un gran abrazo, poeta

Giovanni
 
El tiempo pasa, pero por regla general las cosas se resisten a cambiar. En cambio, muy al contrario, como muy bien tú señalas, nosotros no. Nosotros cambiamos bastante, en todos los sentidos.

Me gustó el poema, gato, ya viste que me hizo reflexionar y dejarte esa pequeña tontería ahí arriba.

Un abrazo.


Sí que cambiamos, sí.
Y no siempre a mejor. :(
 
Si alguna vez regresas
verás que las cosas, salvo excepciones,
no han cambiado mucho por aquí.
Los libros siguen en sus estanterías,
nuestras fotos continúan alineadas sobre el escritorio
y la butaca del dormitorio aún parece esperar
que dejes precipitadamente tu ropa
sobre su respaldo.
Las sábanas siguen preguntándome por ti. Cada maldita noche.
Se ponen pesadísimas.
Lo mismo que las toallas, que misteriosamente
se humedecen antes de salir de la ducha.
"En homenaje a ella", me dicen las muy cerdas.

Luego estoy yo.
También sigo por aquí.
Un poco más ajado y envejecido, todo hay que decirlo
(que a veces tengo que apuntar las cosas
para no olvidarlas, como ir cada dos lunes
a la consulta a pedir mi receta de serotonina).
Y por si eso fuera poco,
con la peor mala leche que recuerdo.
Y echándote de menos tres mil seiscientos segundos cada hora,
desayunando café con leche, largo de melancolía
acompañado de cereales enriquecidos con nostalgia
y un vaso de zumo amargo de temporada.

Estas son las excepciones a las que me refería
pero en general,
si alguna vez regresas,
verás que las cosas
no han cambiado mucho por aquí.

Querer abrigar los viejos recuerdos y expandir aquellos contornos
para manisfestar que el tiempo no ha destruido nada. una prolongacion
melancolica donde el dinamismo se siente acolchado. felicidades.
luzyabsenta
 
Si alguna vez regresas
verás que las cosas, salvo excepciones,
no han cambiado mucho por aquí.
Los libros siguen en sus estanterías,
nuestras fotos continúan alineadas sobre el escritorio
y la butaca del dormitorio aún parece esperar
que dejes precipitadamente tu ropa
sobre su respaldo.
Las sábanas siguen preguntándome por ti. Cada maldita noche.
Se ponen pesadísimas.
Lo mismo que las toallas, que misteriosamente
se humedecen antes de salir de la ducha.
"En homenaje a ella", me dicen las muy cerdas.

Luego estoy yo.
También sigo por aquí.
Un poco más ajado y envejecido, todo hay que decirlo
(que a veces tengo que apuntar las cosas
para no olvidarlas, como ir cada dos lunes
a la consulta a pedir mi receta de serotonina).
Y por si eso fuera poco,
con la peor mala leche que recuerdo.
Y echándote de menos tres mil seiscientos segundos cada hora,
desayunando café con leche, largo de melancolía
acompañado de cereales enriquecidos con nostalgia
y un vaso de zumo amargo de temporada.

Estas son las excepciones a las que me refería
pero en general,
si alguna vez regresas,
verás que las cosas
no han cambiado mucho por aquí.
 
Si alguna vez regresas
verás que las cosas, salvo excepciones,
no han cambiado mucho por aquí.
Los libros siguen en sus estanterías,
nuestras fotos continúan alineadas sobre el escritorio
y la butaca del dormitorio aún parece esperar
que dejes precipitadamente tu ropa
sobre su respaldo.
Las sábanas siguen preguntándome por ti. Cada maldita noche.
Se ponen pesadísimas.
Lo mismo que las toallas, que misteriosamente
se humedecen antes de salir de la ducha.
"En homenaje a ella", me dicen las muy cerdas.

Luego estoy yo.
También sigo por aquí.
Un poco más ajado y envejecido, todo hay que decirlo
(que a veces tengo que apuntar las cosas
para no olvidarlas, como ir cada dos lunes
a la consulta a pedir mi receta de serotonina).
Y por si eso fuera poco,
con la peor mala leche que recuerdo.
Y echándote de menos tres mil seiscientos segundos cada hora,
desayunando café con leche, largo de melancolía
acompañado de cereales enriquecidos con nostalgia
y un vaso de zumo amargo de temporada.

Estas son las excepciones a las que me refería
pero en general,
si alguna vez regresas,
verás que las cosas
no han cambiado mucho por aquí.
Preciosos versos, nostalgia bella y certera, un sentimiento en cada letra, me gustó mucho amigo gatoazul. Un abrazo. Paco.
 
Me gusta cómo mezclas las emociones y las imágenes de nostalgia en las cosas cotidianas. Por ejemplo:

desayunando café con leche, largo de melancolía
acompañado de cereales enriquecidos con nostalgia
y un vaso de zumo amargo de temporada.

Capto una cierta amarga ironía en calificar como "excepciones" dentro de un "las cosas no han cambiado mucho por aquí", como quitándole importancia, a cosas como:

Y echándote de menos tres mil seiscientos segundos cada hora,

Es quizá la vieja verdad de cómo solo sabemos apreciar lo que nos falta.
 
Me gusta cómo mezclas las emociones y las imágenes de nostalgia en las cosas cotidianas. Por ejemplo:



Capto una cierta amarga ironía en calificar como "excepciones" dentro de un "las cosas no han cambiado mucho por aquí", como quitándole importancia, a cosas como:



Es quizá la vieja verdad de cómo solo sabemos apreciar lo que nos falta.


Muy interesantes las reflexiones que haces sobre el texto.
En efecto, con demasiada frecuencia se valora lo que se tiene cuando ya es demasiado tarde. "Condición humana", dirán algun@s, quizá los más incautos.

Gracias por tu comentario y por pasarte por aqui, Fingal.
 
Este poema me gusta especialmente, aunque no sé por qué me da que del próximo tuyo que lea diré lo mismo. Es precioso, según la estoy leyendo me pregunto por qué narices no diré yo las cosas así..., cuestión de talento, de mucho talento. Gracias por compartirlo
 
Las primeras imágenes son geniales, me encanta cuando me transportan como espectadora a la escena y puedo verla en el palco.

Saluditos de fin de semana sr gato.
 
Última edición:

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba