Siempre te soñé desnuda

penabad57

Poeta veterano en el portal
Lo que hay detrás no se arroja a la luz.

Me invitan las estaciones al desnudo,
jeans que se ajustan
como el algodón al tallo de una flor de asombro,
botines de lenguas perfectas,
un eco en la nieve de los racimos,
cristales donde los pasos
son melancolía de hadas y sombra,
el rumor de las águilas en el crepúsculo azul.

Cada hilo recuerda un nombre,
cada metal que sobrevive en el culmen de los pechos
acentúa la sed de mis ojos
en la fugacidad del tiempo.

Te cubres con el ojal abierto entre las ingles,
la tersura de la tela se angosta en la longitud del fémur
como un adagio de oro.

Y, sin embargo, te descubro sin ningún abrigo
al volver del sol, de la playa,
de los cuerpos álgidos
en la arena.

No me da lástima el color
ni envidio del tacto la ternura de la piel,
te miro cuando ya no estás,
en mi vigilia de hojas ocres
sobre la aquiescencia de una memoria
que ya no consigue vestir al deseo.
 
Última edición:
Lo que hay detrás no se arroja a la luz.

Me invitan las estaciones al desnudo,
jeans que se ajustan
como el algodón al tallo de una flor de asombro,
botines de lenguas perfectas,
acantos en la nieve de los racimos,
cristales donde los pasos
son melancolía de hadas y sombra,
el rumor de las águilas en el crepúsculo azul.

Cada hilo recuerda un nombre,
cada metal que sobrevive en el culmen de los pechos
acentúa la sed de mis ojos
en la fugacidad del tiempo.

Te cubres con el ojal abierto entre las ingles,
la ternura de la tela se angosta en la longitud del fémur
como un adagio de oro.

Y, sin embargo, te descubro sin ningún abrigo
al volver del sol, de la playa,
de los cuerpos álgidos
en la arena.

No me da lástima el color
ni envidio del tacto la ternura de la piel,
te miro cuando ya no estás,
en mi vigilia de hojas ocres
sobre la aquiescencia de una memoria
que ya no consigue vestir al deseo.
Me ha gustado mucho la sutileza con la que sensualmente escribes estos versos, poco a poco pero de manera muy efectiva y bella amigo penabad. Abrazote vuela. Paco.
 
Lo que hay detrás no se arroja a la luz.

Me invitan las estaciones al desnudo,
jeans que se ajustan
como el algodón al tallo de una flor de asombro,
botines de lenguas perfectas,
un eco en la nieve de los racimos,
cristales donde los pasos
son melancolía de hadas y sombra,
el rumor de las águilas en el crepúsculo azul.

Cada hilo recuerda un nombre,
cada metal que sobrevive en el culmen de los pechos
acentúa la sed de mis ojos
en la fugacidad del tiempo.

Te cubres con el ojal abierto entre las ingles,
la tersura de la tela se angosta en la longitud del fémur
como un adagio de oro.

Y, sin embargo, te descubro sin ningún abrigo
al volver del sol, de la playa,
de los cuerpos álgidos
en la arena.

No me da lástima el color
ni envidio del tacto la ternura de la piel,
te miro cuando ya no estás,
en mi vigilia de hojas ocres
sobre la aquiescencia de una memoria
que ya no consigue vestir al deseo.
Soñar ese desnudo, ver los decubrimientos y quedarse
en esa infusion donde los crepusculos de la densidad
amorosa se envuelve. el poema es grato, aparta el tiempo
y se queda en esa elevacion de amor.excelnte.
saludos amables de luzyabsenta
 
Lo que hay detrás no se arroja a la luz.

Me invitan las estaciones al desnudo,
jeans que se ajustan
como el algodón al tallo de una flor de asombro,
botines de lenguas perfectas,
un eco en la nieve de los racimos,
cristales donde los pasos
son melancolía de hadas y sombra,
el rumor de las águilas en el crepúsculo azul.

Cada hilo recuerda un nombre,
cada metal que sobrevive en el culmen de los pechos
acentúa la sed de mis ojos
en la fugacidad del tiempo.

Te cubres con el ojal abierto entre las ingles,
la tersura de la tela se angosta en la longitud del fémur
como un adagio de oro.

Y, sin embargo, te descubro sin ningún abrigo
al volver del sol, de la playa,
de los cuerpos álgidos
en la arena.

No me da lástima el color
ni envidio del tacto la ternura de la piel,
te miro cuando ya no estás,
en mi vigilia de hojas ocres
sobre la aquiescencia de una memoria
que ya no consigue vestir al deseo.
Sensualidad, pasión y deseo aunados en estos enamorados versos. Excelente vocabulario y excelentes imágenes ... Me ha encantado leerlo amigo Penabad. Muchos besos con admiración y cariño....muááááackssss...
 
Lo que hay detrás no se arroja a la luz.

Me invitan las estaciones al desnudo,
jeans que se ajustan
como el algodón al tallo de una flor de asombro,
botines de lenguas perfectas,
un eco en la nieve de los racimos,
cristales donde los pasos
son melancolía de hadas y sombra,
el rumor de las águilas en el crepúsculo azul.

Cada hilo recuerda un nombre,
cada metal que sobrevive en el culmen de los pechos
acentúa la sed de mis ojos
en la fugacidad del tiempo.

Te cubres con el ojal abierto entre las ingles,
la tersura de la tela se angosta en la longitud del fémur
como un adagio de oro.

Y, sin embargo, te descubro sin ningún abrigo
al volver del sol, de la playa,
de los cuerpos álgidos
en la arena.

No me da lástima el color
ni envidio del tacto la ternura de la piel,
te miro cuando ya no estás,
en mi vigilia de hojas ocres
sobre la aquiescencia de una memoria
que ya no consigue vestir al deseo.
apasionadas letras... desnudando su persona, su sentir para ver esa perfección de su ser... ya lo dijo Arjona "si el mundo te hubiera querido con ropa, con ropa hubieras nacido"

saludos
 
Gracias, LUZYABSENTA, por la lectura y el amable comentario. Un saludo cordial.

Siento que merece la pena estar en
una nueva lectura con esta genial e
inspiradora obra de sutil melancolia,
y a la vez ser agradecido a tu amable
respuesta para mi comentario.
saludos siempre sinceros de luzyabsenta
 
Lo que hay detrás no se arroja a la luz.

Me invitan las estaciones al desnudo,
jeans que se ajustan
como el algodón al tallo de una flor de asombro,
botines de lenguas perfectas,
un eco en la nieve de los racimos,
cristales donde los pasos
son melancolía de hadas y sombra,
el rumor de las águilas en el crepúsculo azul.

Cada hilo recuerda un nombre,
cada metal que sobrevive en el culmen de los pechos
acentúa la sed de mis ojos
en la fugacidad del tiempo.

Te cubres con el ojal abierto entre las ingles,
la tersura de la tela se angosta en la longitud del fémur
como un adagio de oro.

Y, sin embargo, te descubro sin ningún abrigo
al volver del sol, de la playa,
de los cuerpos álgidos
en la arena.

No me da lástima el color
ni envidio del tacto la ternura de la piel,
te miro cuando ya no estás,
en mi vigilia de hojas ocres
sobre la aquiescencia de una memoria
que ya no consigue vestir al deseo.
hay mucho para imaginar y soñar, grato leerte
 

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