No contenta con dar mi vida,
la puse mi alma en sus manos,
como quien insiste en encender
una luz que ya no alumbra.
Sabía —en algún rincón callado—
que lo que yo ofrecía
no llenaba su vacío,
esperando ser suficiente
en un lugar donde nada lo era.
Me doblé en silencios,
giré la cabeza ante palabras que dolían,
hice pequeña mi voz
para que no se fueran,
como si el amor
fuera eso: resistir perdiéndose.
Y ahora…
mírame.
Estoy acompañada, sí,
pero en realidad estoy sola.
Sola de verdad.
Porque no siento apoyo,
ni aprecio,
ni ven lo que doy
ni lo que soy.
Y eso cansa…
cansa mucho.
Me da miedo volver a caer,
volver a lo mismo,
volver a olvidarme de mí
Por hacerme visible ante ciegos.
Y lo peor es que,
cuando fantaseo en mi futuro,
ni siquiera los veo ahí.
Me imagino otra vida,
tranquila,
ordenada,
con mis hijos.
Y cuando intento meterlos en esa vida…
todo se descoloca,
no encaja,
no se siente bien.
Y ahora duele…
y pesa más que nunca.
Quiero que este sea el definitivo adiós,
pero todavía estoy en ello,
todavía me cuesta,
todavía pesa.
No quiero seguir tocando fondo,
no quiero saber
qué hay más abajo.
Así que aquí estoy…
en medio de todo,
intentando no volver atrás,
sosteniéndome con todas mis fuerzas,
con miedo a que me quiten todo lo que tengo,
mis hijos,
en mi proceso de construcción.
Y aunque el dolor me abrace,
sé que esto es un paso,
no el final.
y cada respiración
es vida llenando mi alma herida.
la puse mi alma en sus manos,
como quien insiste en encender
una luz que ya no alumbra.
Sabía —en algún rincón callado—
que lo que yo ofrecía
no llenaba su vacío,
esperando ser suficiente
en un lugar donde nada lo era.
Me doblé en silencios,
giré la cabeza ante palabras que dolían,
hice pequeña mi voz
para que no se fueran,
como si el amor
fuera eso: resistir perdiéndose.
Y ahora…
mírame.
Estoy acompañada, sí,
pero en realidad estoy sola.
Sola de verdad.
Porque no siento apoyo,
ni aprecio,
ni ven lo que doy
ni lo que soy.
Y eso cansa…
cansa mucho.
Me da miedo volver a caer,
volver a lo mismo,
volver a olvidarme de mí
Por hacerme visible ante ciegos.
Y lo peor es que,
cuando fantaseo en mi futuro,
ni siquiera los veo ahí.
Me imagino otra vida,
tranquila,
ordenada,
con mis hijos.
Y cuando intento meterlos en esa vida…
todo se descoloca,
no encaja,
no se siente bien.
Y ahora duele…
y pesa más que nunca.
Quiero que este sea el definitivo adiós,
pero todavía estoy en ello,
todavía me cuesta,
todavía pesa.
No quiero seguir tocando fondo,
no quiero saber
qué hay más abajo.
Así que aquí estoy…
en medio de todo,
intentando no volver atrás,
sosteniéndome con todas mis fuerzas,
con miedo a que me quiten todo lo que tengo,
mis hijos,
en mi proceso de construcción.
Y aunque el dolor me abrace,
sé que esto es un paso,
no el final.
y cada respiración
es vida llenando mi alma herida.