Sarah Valentina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un quizás, un tal vez,
murieron en las manos de un bohemio,
un después se hizo sordo a sus oídos,
luces se apagaron
bajo el peso de las sombras.
Mar de hielo endurecido,
corazón donde nunca reposé,
absurdos contenidos de la mente.
Sus caminos quise andar,
su rutina recorrer,
la promesa eterna de un café.
Se arraigaron las fronteras
entre silencios voluntarios,
sonrisas de mentiras,
canciones de papel,
rítmico pendular de palabras sin sentido.
Un te quiero que dije sin decir
muere insulso entre mis labios,
entre cien razones de su mente
y mil motivos que me guardo.
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