Al levantarte
la huella de tu cuerpo
se viste.
En tu cama
la nube de una herida
que es ausencia.
Se filtra la luz entre los postigos blancos,
desnudo como la virginal inocencia de un pájaro
el paso que anticipas se refleja en los cristales.
El espejo te miente al mostrar las alas del ángel,
corre el agua de la ducha que tantas veces limpió a Elena.
Sabes que la soledad
ni escribe un perdón
ni acude al silbido de otro
ni te habla con una lágrima nueva.
Vas al trabajo con tu sombra y tu anhelo,
en el umbral la voz de un adiós enmudece.
El silencio son los ojos que ya no ves,
el perfume que se llevó la risa de Elena,
su carne en flor.
la huella de tu cuerpo
se viste.
En tu cama
la nube de una herida
que es ausencia.
Se filtra la luz entre los postigos blancos,
desnudo como la virginal inocencia de un pájaro
el paso que anticipas se refleja en los cristales.
El espejo te miente al mostrar las alas del ángel,
corre el agua de la ducha que tantas veces limpió a Elena.
Sabes que la soledad
ni escribe un perdón
ni acude al silbido de otro
ni te habla con una lágrima nueva.
Vas al trabajo con tu sombra y tu anhelo,
en el umbral la voz de un adiós enmudece.
El silencio son los ojos que ya no ves,
el perfume que se llevó la risa de Elena,
su carne en flor.
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