Sin memoria para odiar
Hoy al llegar al Hospital, he contemplado sorprendida la escena; una joven te acompañaba en el jardín del geriátrico.
-Viene a diario- me comenta la enfermera. - es Fátima, estudiante universitaria argelina, voluntaria de una ONG ; le ha tomado cariño a Don Luis.-me informa- Yo, trago saliva, observo, me mantengo alejada-
La tarde luce apacible, el dorado del sol y los ocres otoñales ofrecen una estampa cálida; la muchacha lleva un Hiyab blanco cubriendo su cabeza; ¡cuántas veces discutimos tú y yo sobre eso!, decías que había que obligarlas a quitárselo que no estaban en su país...Y ahora, mírate, el velo que cubre tu memoria te salva de tus demonios, si te vieras ahora , ella te pasea en tu silla de ruedas y se sienta bajo un hermoso árbol a leerte ..., ¿Qué te leerá? quizás el idioma universal de la poesía? pareces tan complacido...Acaricia tus cabellos blancos con ese otro idioma universal, la ternura ; con extrema delicadeza procede a darte un masaje en tu espalda enferma y dolorida, entonces tu mirada deja de estar perdida, la miras y le sonríes agradecido. En este instante siento como corren las lágrimas por mis mejillas, un nudo me atenaza la garganta, me tiemblan las piernas, tanto, que me cuesta moverme. Tu rostro ha recuperado esa luz de nuestros días felices, hacía tanto tiempo que no te veía así Luis.
Me acerco y te abrazo ¡Ya no me reconoces! Me alejo sin pronunciar palabra, no puedo parar de llorar.
Paradojas del destino. Solo el Alzheimer ha conseguido derrumbar la infranqueable barrera de tu eterno odio al pueblo argelino, con quien conviviste sintiéndote extranjero.
Ahora vives, al fin, sin memoria para odiar.
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