joblam
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una voz femenina con palabras casi incoherentes e imperceptibles rompió el grueso silencio:
-Prometiste que jamás me abandonarías y estás faltando a tu palabra de hombre. ¿Por qué? ¿Por qué?-
No hubo respuesta alguna. Otra vez el silencio. De pronto una suave brisa movió las cortinas y la sala entró en frescor. Un puño envuelto en rabia e impotencia sostenía una vela encendida. Las lágrimas brotadas no llegaron al destino programado. Aureliano permanecía impávido. Un cristal horizontal, húmedo por las mismas lágrimas, los separaba.
-Prometiste que jamás me abandonarías y estás faltando a tu palabra de hombre. ¿Por qué? ¿Por qué?-
No hubo respuesta alguna. Otra vez el silencio. De pronto una suave brisa movió las cortinas y la sala entró en frescor. Un puño envuelto en rabia e impotencia sostenía una vela encendida. Las lágrimas brotadas no llegaron al destino programado. Aureliano permanecía impávido. Un cristal horizontal, húmedo por las mismas lágrimas, los separaba.