Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
La discriminación está en la sangre
aunque una quiera predicar por la igualdad:
de razas
de género
de clases
de educación
de edad.
Sin sentirlo una tiene esos calibres incrustados en la consciencia
y afloran como gusanos macilentos de nuestra boca.
Una se cree superior, dominante, controladora.
Estoy de vacaciones y fui a Coyoacán,
pasé a los helados “de Coyoacán” los mejores de la ciudad.
Mientras disfrutaba mi helado en una mesa,
veía pasear a los turistas, gringos en general, comprando artesanías,
y la multitud de indígenas vendiendo sus productos.
Turistas altos, rubios, bien vestidos, modernos,
contrastando con los indígenas, morenos, bajitos,
de ropajes anacrónicos elaborados a mano por ellos mismos.
Se acercó una niña mazahua como de 5 años.
Me ofreció dulces de tamarindo.
Yo no quería, pero le argumenté que no podía comer sal,
me dijo:
- no tienen sal-
- sí, mira, ¿sabes leer?
- No
- Pues el octágono marca que tiene exceso de sodio y eso es sal.
Se fue, pensé que me había librado,
pero vino una más grande que parecía su hermana
me dijo:
- estos no tienen sal,
(no tenía octágonos de advertencia)
- Mi mamá los hace con tamarindo, chile y azúcar, ¡sin sal¡
- No te creo.
Se fue y vino otra, más grande y simplemente me dijo:
- El helado también tiene sal.
Derrotada,
que vergüenza,
por una pobre,
niña,
mazahua,
analfabeta.
Les pude haber dicho simplemente no.
¡Ah!, pero les quise argumentar.
aunque una quiera predicar por la igualdad:
de razas
de género
de clases
de educación
de edad.
Sin sentirlo una tiene esos calibres incrustados en la consciencia
y afloran como gusanos macilentos de nuestra boca.
Una se cree superior, dominante, controladora.
Estoy de vacaciones y fui a Coyoacán,
pasé a los helados “de Coyoacán” los mejores de la ciudad.
Mientras disfrutaba mi helado en una mesa,
veía pasear a los turistas, gringos en general, comprando artesanías,
y la multitud de indígenas vendiendo sus productos.
Turistas altos, rubios, bien vestidos, modernos,
contrastando con los indígenas, morenos, bajitos,
de ropajes anacrónicos elaborados a mano por ellos mismos.
Se acercó una niña mazahua como de 5 años.
Me ofreció dulces de tamarindo.
Yo no quería, pero le argumenté que no podía comer sal,
me dijo:
- no tienen sal-
- sí, mira, ¿sabes leer?
- No
- Pues el octágono marca que tiene exceso de sodio y eso es sal.
Se fue, pensé que me había librado,
pero vino una más grande que parecía su hermana
me dijo:
- estos no tienen sal,
(no tenía octágonos de advertencia)
- Mi mamá los hace con tamarindo, chile y azúcar, ¡sin sal¡
- No te creo.
Se fue y vino otra, más grande y simplemente me dijo:
- El helado también tiene sal.
Derrotada,
que vergüenza,
por una pobre,
niña,
mazahua,
analfabeta.
Les pude haber dicho simplemente no.
¡Ah!, pero les quise argumentar.
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