En el silencio antiguo de la piedra,
donde el viento pronuncia nombres viejos,
se alza la sierra firme, muda, eterna,
guardiana de los sueños y los ecos.
Sus cumbre roza cielos infinitos,
tejida de oro al alba que despierta,
y en su pecho descansan los caminos
que el tiempo dibujó sin darse cuenta.
Allí, el rumor del mundo se hace leve
y el alma encuentra un pulso más profundo,
cada roca es memoria que se atreve
a susurrar verdades al segundo.
¡Ay! montaña, maestra del silencio,
de paciencia tallada en cada grieta,
enséñame a alzarme sin desprecio
y a ser raíz y viento en la tormenta.
donde el viento pronuncia nombres viejos,
se alza la sierra firme, muda, eterna,
guardiana de los sueños y los ecos.
Sus cumbre roza cielos infinitos,
tejida de oro al alba que despierta,
y en su pecho descansan los caminos
que el tiempo dibujó sin darse cuenta.
Allí, el rumor del mundo se hace leve
y el alma encuentra un pulso más profundo,
cada roca es memoria que se atreve
a susurrar verdades al segundo.
¡Ay! montaña, maestra del silencio,
de paciencia tallada en cada grieta,
enséñame a alzarme sin desprecio
y a ser raíz y viento en la tormenta.
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