jmacgar
Poeta veterano en el portal
Sol
¡OH Helios!, astro de fuego,
rubicundo Dios que arde
recorriendo el firmamento
sobre corceles audaces
cual saeta incandescente
en tu carro rutilante
raudo, veloz como el viento
desde una parte a otra parte
de la azulísima bóveda
sobre los altos pinares;
cuando llegas al poniente,
según se muere la tarde,
conviertes el horizonte
en arrebol de celajes.
rubicundo Dios que arde
recorriendo el firmamento
sobre corceles audaces
cual saeta incandescente
en tu carro rutilante
raudo, veloz como el viento
desde una parte a otra parte
de la azulísima bóveda
sobre los altos pinares;
cuando llegas al poniente,
según se muere la tarde,
conviertes el horizonte
en arrebol de celajes.
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Luna
Luna de plata que aguardas
la noche para asomarte
y tímida, enrojecida,
por el horizonte sales
a pasear por el cielo
por entre estrellas brillantes,
haces luz sobre lo oscuro
con tus rayos formidables
y vas seduciendo a grillos
que no hacen más que cantarte.
Eres, Selene, hechicera,
si te miro eres cual áspid
que hipnotiza con sus ojos,
¿sabes Luna? soy tu amante.
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la noche para asomarte
y tímida, enrojecida,
por el horizonte sales
a pasear por el cielo
por entre estrellas brillantes,
haces luz sobre lo oscuro
con tus rayos formidables
y vas seduciendo a grillos
que no hacen más que cantarte.
Eres, Selene, hechicera,
si te miro eres cual áspid
que hipnotiza con sus ojos,
¿sabes Luna? soy tu amante.
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