Soldado caído

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eunice salvaje

Invitado

Me vino de pronto como un golpe en el pecho,
algo dentro me golpeaba y aun está tocando.

Sigue vertiéndose en mí, lo que estaba contenido.



En medio de la explosión podía verlo,

estaba herido y yo no lo sabía,
reclamando que fuera a consolarlo
porque mi herida él no la sentía.


¿Qué podía saber yo de sentimientos?
Si mi corazón siempre callaba y asentía
y estático en la planicie de sus cimientos
la guerra y el dolor no conocía.

Cayó al fin aquel hombre ante mis ojos
y no pude siquiera sostener su mano
ni rezar una oración, ni recoger sus despojos.


En medio del desastre nadie más pudo notarle,

hombre de cabello cano, hombre de manos grandes,
yacía así inerte con la boca abierta
cómo esperando el beso que jamás pude darle.


Eunice Salvaje



20 de febrero 2011






 
Última edición por un moderador:
Me vino de pronto como un golpe en el pecho,
algo dentro me golpeaba y aun está tocando.

Sigue vertiéndose en mí, lo que estaba contenido.



En medio de la explosión podía verlo,

estaba herido y yo no lo sabía,
reclamando que fuera a consolarlo
porque mi herida él no la sentía.


¿Qué podía saber yo de sentimientos?
Si mi corazón siempre callaba y asentía
y estático en la planicie de sus cimientos
la guerra y el dolor no conocía.

Cayó al fin aquel hombre ante mis ojos
y no pude siquiera sostener su mano
ni rezar una oración, ni recoger sus despojos.


En medio del desastre nadie más pudo notarle,

hombre de cabello cano, hombre de manos grandes,
yacía así inerte con la boca abierta
cómo esperando el beso que jamás pude darle.


Eunice Salvaje



20 de febrero 2011






Es conmovedor Eu, muy bello. Saludos,
 
Me vino de pronto como un golpe en el pecho,
algo dentro me golpeaba y aun está tocando.

Sigue vertiéndose en mí, lo que estaba contenido.



En medio de la explosión podía verlo,

estaba herido y yo no lo sabía,
reclamando que fuera a consolarlo
porque mi herida él no la sentía.


¿Qué podía saber yo de sentimientos?
Si mi corazón siempre callaba y asentía
y estático en la planicie de sus cimientos
la guerra y el dolor no conocía.

Cayó al fin aquel hombre ante mis ojos
y no pude siquiera sostener su mano
ni rezar una oración, ni recoger sus despojos.


En medio del desastre nadie más pudo notarle,

hombre de cabello cano, hombre de manos grandes,
yacía así inerte con la boca abierta
cómo esperando el beso que jamás pude darle.


Eunice Salvaje



20 de febrero 2011






Muy bueno tu poema, Eunice. Saludos.
 
Me vino de pronto como un golpe en el pecho,
algo dentro me golpeaba y aun está tocando.

Sigue vertiéndose en mí, lo que estaba contenido.



En medio de la explosión podía verlo,

estaba herido y yo no lo sabía,
reclamando que fuera a consolarlo
porque mi herida él no la sentía.


¿Qué podía saber yo de sentimientos?
Si mi corazón siempre callaba y asentía
y estático en la planicie de sus cimientos
la guerra y el dolor no conocía.

Cayó al fin aquel hombre ante mis ojos
y no pude siquiera sostener su mano
ni rezar una oración, ni recoger sus despojos.


En medio del desastre nadie más pudo notarle,

hombre de cabello cano, hombre de manos grandes,
yacía así inerte con la boca abierta
cómo esperando el beso que jamás pude darle.


Eunice Salvaje



20 de febrero 2011






Viviste el personaje en aquella escena y el resultado es conmovedor. Un beso, Eunice.


"Enero del 2019" Ok.
 
Me vino de pronto como un golpe en el pecho,
algo dentro me golpeaba y aun está tocando.
Sigue vertiéndose en mí, lo que estaba contenido.

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En medio de la explosión podía verlo,
estaba herido y yo no lo sabía,
reclamando que fuera a consolarlo
porque mi herida él no la sentía.

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¿Qué podía saber yo de sentimientos?
Si mi corazón siempre callaba y asentía
y estático en la planicie de sus cimientos
la guerra y el dolor no conocía.
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Cayó al fin aquel hombre ante mis ojos
y no pude siquiera sostener su mano
ni rezar una oración, ni recoger sus despojos.
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En medio del desastre nadie más pudo notarle,
hombre de cabello cano, hombre de manos grandes,
yacía así, inerte, con la boca abierta
como esperando el beso que jamás pude darle.
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Eunice Salvaje

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20 de febrero 2011







Qué intensidad y cuánta emotividad! Casi se puede palpar y entristecerse con ese dolor, ver la sangre brotar paraliza a muchos, quienes mueren allá a nadie le importa, solo a sus familias, pero tu has logrado que esa herida, ese dolor y sangrar sean tuyos. El horror de la guerra, la consciencia de la pérdida, ver la muerte de frente, es algo que muchos no conocemos, pero el dolor de otro es mi dolor y me hago uno con él. Ha sido una grata y emotiva lectura. Muchas Gracias mi Apreciada Amiga y Admirada Poetisa por compartir tu arte. Lo celebro. Te saludo afectuosamente y te deseo hermosos días, plenos de Sol, Armonía y Salud

PS. Tu hermoso poema me recordó fragmentos de otro que me gusta mucho, Las Campanas doblan por ti, John Donne. Espero sea de tu agrado y me disculpes por anexártelo aquí:
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¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?


Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.

Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.

Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.
 

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