¿De qué quieres que hablemos?
¡Ay deja, deja, que mi alma sueña!
Mira el cielo azulado,
en lo alto del campanario,
hay una cigüeña.
Inhala el frescor de la pradera y contempla el campo colmado de belleza.
¿Por qué no me hablas?
¡Ay calla, calla!
escucha el silencio,
mira los trigales y maizales
como bailan al son del viento.
¡Mira, mira el sol de estío,
como brillan los álamos
a orillas del río!
Bajan rizadas las aguas,
mira antes de que reine la calma
y llegue el frío.
Llega la noche con su manto,
ya fulguran las estrellas y luceros,
y radiante asoma la dama de blanco,
en el centro del eterno.
¿De qué quieres que hablemos?
¡Ay deja, deja!
que habla el misterio,
no turbes este silencio
y mira el campo colmado de tristeza.
Luis
Derechos reservados
¡Ay deja, deja, que mi alma sueña!
Mira el cielo azulado,
en lo alto del campanario,
hay una cigüeña.
Inhala el frescor de la pradera y contempla el campo colmado de belleza.
¿Por qué no me hablas?
¡Ay calla, calla!
escucha el silencio,
mira los trigales y maizales
como bailan al son del viento.
¡Mira, mira el sol de estío,
como brillan los álamos
a orillas del río!
Bajan rizadas las aguas,
mira antes de que reine la calma
y llegue el frío.
Llega la noche con su manto,
ya fulguran las estrellas y luceros,
y radiante asoma la dama de blanco,
en el centro del eterno.
¿De qué quieres que hablemos?
¡Ay deja, deja!
que habla el misterio,
no turbes este silencio
y mira el campo colmado de tristeza.
Luis
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