Sollozo de mis sueños

FanÁngel

Poeta recién llegado
Las campanas del aire han huido;
son corrientes de leche que siembran
llanto de laguna verde por el calcañar
de los quejidos: arrumacos de blancura
en el vibrar de la doctrina lisonjera.

En mi soñar he vuelto a romper
la rosa de mis dedos, con pétalos
de carne y corola de mis huesos;
huesos lúbricos, de arcilla,
moldeados por una abeja que vuelve
cándidas las luces en las pesadillas
de los sueños píos.

¿Qué hay de mi existir?
Existo. Existo en el cantar
del griterío, el llanto
de las aguas al nacer los peces,
la lluvia de los mares disecados
y el alba que se fuga por mi esquina.

Es el rojo caminar de los latidos,
el verde amanecer del impasible frío,
la lucha del sonoro hueco por salir del nido,
en el rojo caminar de los latidos.

Hay un dolor de instante en el ambiente
pasajero de la brisa que punza
la piel con las esquirlas de la ceniza transformada;
el gemido de la aurora que dibuja lunas de terciopelo
en el rumor del día que muerde la angustia del sollozo.

Es el existir del mundo lo que sueña
el caballo en su carrera, de blanca ansia
y nuevo brío en el ruedo de la melancolía.
Casto como el agua y puro de acento eterno.

Pero yo sigo aquí, solo, temblando
en el aullido del viento que levanta
ampollas en mis ojos sin niñas;
clavados los huesos en la entraña
de la vieja hormiga que solloza
por la boca de mis cuencas.
 
Las campanas del aire han huido;
son corrientes de leche que siembran
llanto de laguna verde por el calcañar
de los quejidos: arrumacos de blancura
en el vibrar de la doctrina lisonjera.

En mi soñar he vuelto a romper
la rosa de mis dedos, con pétalos
de carne y corola de mis huesos;
huesos lúbricos, de arcilla,
moldeados por una abeja que vuelve
cándidas las luces en las pesadillas
de los sueños píos.

¿Qué hay de mi existir?
Existo. Existo en el cantar
del griterío, el llanto
de las aguas al nacer los peces,
la lluvia de los mares disecados
y el alba que se fuga por mi esquina.

Es el rojo caminar de los latidos,
el verde amanecer del impasible frío,
la lucha del sonoro hueco por salir del nido,
en el rojo caminar de los latidos.

Hay un dolor de instante en el ambiente
pasajero de la brisa que punza
la piel con las esquirlas de la ceniza transformada;
el gemido de la aurora que dibuja lunas de terciopelo
en el rumor del día que muerde la angustia del sollozo.

Es el existir del mundo lo que sueña
el caballo en su carrera, de blanca ansia
y nuevo brío en el ruedo de la melancolía.
Casto como el agua y puro de acento eterno.

Pero yo sigo aquí, solo, temblando
en el aullido del viento que levanta
ampollas en mis ojos sin niñas;
clavados los huesos en la entraña
de la vieja hormiga que solloza
por la boca de mis cuencas.
Un concepto difuso, tal vez la mezcla de lo tangible con lo decadente.

Saludos
 

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