Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Solo tú me entiendes
cuando la noche me encuentra desnudo de palabras,
cuando el silencio me abruma
y me pesa el cuerpo como una piedra antigua.
Tú, con tus manos que saben buscarme,
que recorren mi piel como un mapa que ya conocen,
sin prisas, sin miedo.
Es tu mirada la que me incendia,
la que me quema los huesos,
y me hace vibrar en cada rincón oculto.
Solo tú sabes leerme,
descifrarme en ese lenguaje
que no necesita de palabras.
A veces creo que hablas con mis sombras,
que le susurras secretos a mi deseo,
y lo despiertas como si fuera un niño dormido.
Tu aliento, tan cerca de mi oído,
es una promesa,
un eco que resuena dentro de mí
hasta que no queda más que el latido de ambos cuerpos
fundidos en el mismo abrazo.
Porque solo tú me entiendes,
cuando me pierdo en la tempestad de tu boca,
cuando me enredo en el borde de tu piel,
y en ese instante preciso,
donde nada más existe,
donde el mundo deja de girar,
me encuentro.
Solo tú,
con tu abrazo que sabe de mis heridas,
con tus labios que curan y a la vez me envenenan.
Solo tú me entiendes
cuando la pasión nos devora
y entre el sudor y los suspiros
solo queda el silencio
de dos almas que se han hecho una.
cuando la noche me encuentra desnudo de palabras,
cuando el silencio me abruma
y me pesa el cuerpo como una piedra antigua.
Tú, con tus manos que saben buscarme,
que recorren mi piel como un mapa que ya conocen,
sin prisas, sin miedo.
Es tu mirada la que me incendia,
la que me quema los huesos,
y me hace vibrar en cada rincón oculto.
Solo tú sabes leerme,
descifrarme en ese lenguaje
que no necesita de palabras.
A veces creo que hablas con mis sombras,
que le susurras secretos a mi deseo,
y lo despiertas como si fuera un niño dormido.
Tu aliento, tan cerca de mi oído,
es una promesa,
un eco que resuena dentro de mí
hasta que no queda más que el latido de ambos cuerpos
fundidos en el mismo abrazo.
Porque solo tú me entiendes,
cuando me pierdo en la tempestad de tu boca,
cuando me enredo en el borde de tu piel,
y en ese instante preciso,
donde nada más existe,
donde el mundo deja de girar,
me encuentro.
Solo tú,
con tu abrazo que sabe de mis heridas,
con tus labios que curan y a la vez me envenenan.
Solo tú me entiendes
cuando la pasión nos devora
y entre el sudor y los suspiros
solo queda el silencio
de dos almas que se han hecho una.