Vitruvius
Poeta recién llegado
Devuélveme a las horas intranquilas,
que oblicuos avatares nos quitaran,
ardieron ya los puentes que estrecharan
mi anhelo enfebrecido a tus pupilas.
La luna atestiguó nuestra agonía,
tu entrega desolada y el derroche
del sabor almizcleño de la noche.
La luna, que era nuestra todavía.
Discurrieron las tardes. Acrecida,
la riada incontenible de la vida
pasó desdibujando aquél remanso.
¿Qué suerte, miserable o dadivosa,
me lleva a recordar, tortura hermosa
que habrá de acompañarme a mi descanso?
que oblicuos avatares nos quitaran,
ardieron ya los puentes que estrecharan
mi anhelo enfebrecido a tus pupilas.
La luna atestiguó nuestra agonía,
tu entrega desolada y el derroche
del sabor almizcleño de la noche.
La luna, que era nuestra todavía.
Discurrieron las tardes. Acrecida,
la riada incontenible de la vida
pasó desdibujando aquél remanso.
¿Qué suerte, miserable o dadivosa,
me lleva a recordar, tortura hermosa
que habrá de acompañarme a mi descanso?
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