Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Llegué al semáforo, vi tu cara al otro lado de mi auto,
mirabas hacia adelante como espectral, concentrada, manejando como máquina, como un ardid de ese momento.
Te seguí mirando,
movías la cabeza y sonreías,
pensé que estabas escuchando tu celular,
alguien enviando mensajes,
tonos de amor,
melodías sensuales, rellenas de amor como bombones,
como cintas musicales de antes,
como el cassette de los 60,
como un artilugio de Dalí,
sonriendo como un retrato de Magritte, aunque no conozco sus retratos.
Miraste un semáforo de luces,
cambiaste la música en tu radio,
tratando de atraer tu atención fue risible,
no miraste hacia aca ni por probable,
por esa ley de probabilidades que se convierte en mi cómplice,
a veces,
cuando carezco del encanto para hablar y que me sonrían.
Fue el segundo del semáforo,
el instante no volvió,
el delirio del tiempo marcó primera, segunda y una larga tercera,
para ver alejarse la máquina desde un peldaño de mi vida,
cuando el tráfico era por la mañana,
y yo desconocía los planes de Destino,
y él seguía riendo con los míos.
mirabas hacia adelante como espectral, concentrada, manejando como máquina, como un ardid de ese momento.
Te seguí mirando,
movías la cabeza y sonreías,
pensé que estabas escuchando tu celular,
alguien enviando mensajes,
tonos de amor,
melodías sensuales, rellenas de amor como bombones,
como cintas musicales de antes,
como el cassette de los 60,
como un artilugio de Dalí,
sonriendo como un retrato de Magritte, aunque no conozco sus retratos.
Miraste un semáforo de luces,
cambiaste la música en tu radio,
tratando de atraer tu atención fue risible,
no miraste hacia aca ni por probable,
por esa ley de probabilidades que se convierte en mi cómplice,
a veces,
cuando carezco del encanto para hablar y que me sonrían.
Fue el segundo del semáforo,
el instante no volvió,
el delirio del tiempo marcó primera, segunda y una larga tercera,
para ver alejarse la máquina desde un peldaño de mi vida,
cuando el tráfico era por la mañana,
y yo desconocía los planes de Destino,
y él seguía riendo con los míos.