Suicidio sagrado

Carrizo Pacheco

Moderador Global.Corrector.Miembro del Jurado
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Moderador Global
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Corrector/a
Director de concursos
Equipo Revista "Eco y latido"
SUCIDIO SAGRADO


Ryan decidió que esa sería su última noche. Asomándose a la ventana de su cuarto elevó la vista al omnipotente cielo estrellado y lunático. Pensó un instante en el sol y en la inevitable circunstancia de que ya nunca más volvería a verlo. Al menos alcanzó a despedirse de la más bella oscuridad.
Sentado frente a su escritorio, tomó la estilográfica y una hoja para darle inicio a su sentencia de muerte. Una hora más tarde concluyó su tarea con un punto final expandido por una lágrima. Luego se recostó dando incontables giros hasta quedarse dormido. Su respiración agitada superaba el protagonismo sonoro del monótono reloj que administraba la madrugada desde la sombría mesa de luz. Poco después la fatiga del diafragma halló en una honda expiración el alivio definitivo. Sobre el escritorio, como una explicación, quedaron estas palabras en aquel papel sagrado (carta leída por su destinatario omnisciente): “Dios…” El resto sacrílego –repugnante catarata de injustos insultos– no puede transcribirse.


Ariel Carrizo Pacheco
(1994)
 
Última edición:
Creyente y suicida...

Luego de leer tu micro-cuento se ha quedado grabado en mi cabeza
un concepto que no había verbalizado antes: MASOQUISMO ESCATOLOGICO.

Un saludo filial.
 
SUCIDIO SAGRADO


Ryan decidió que esa sería su última noche. Asomándose a la ventana de su cuarto elevó la vista al omnipotente cielo estrellado y lunático. Pensó un instante en el sol y en la inevitable circunstancia de que ya nunca más volvería a verlo. Al menos alcanzó a despedirse de la más bella oscuridad.
Sentado frente a su escritorio, tomó la estilográfica y una hoja para darle inicio a su sentencia de muerte. Una hora más tarde concluyó su tarea con un punto final expandido por una lágrima. Luego se recostó dando incontables giros hasta quedarse dormido. Su respiración agitada superaba el protagonismo sonoro del monótono reloj que administraba la madrugada desde la sombría mesa de luz. Poco después la fatiga del diafragma halló en una honda expiración el alivio definitivo. Sobre el escritorio, como una explicación, quedaron estas palabras en aquel papel sagrado (carta leída por su destinatario omnisciente): “Dios…” El resto sacrílego –repugnante catarata de injustos insultos– no puede transcribirse.


Ariel Carrizo Pacheco
(1994)

Intenso e interesante relato que no nos regalas, mi querido amigo Ariel. Cuando alguien se suicida siempre me pregunto qué puede ser tan duro en la vida como para perder la esperanza... me gusta que tu relato deje mucho espacio a la imaginación. Me ha encantado leerlo. Te dejo un abrazo cariñoso y un besito.
 
Creyente y suicida...

Luego de leer tu micro-cuento se ha quedado grabado en mi cabeza
un concepto que no había verbalizado antes: MASOQUISMO ESCATOLOGICO.

Un saludo filial.


¡Muchas gracias Vronte! Me alegra que te haya gustado este relato, ¡un fuerte abrazo y hasta pronto!
 
Intenso e interesante relato que no nos regalas, mi querido amigo Ariel. Cuando alguien se suicida siempre me pregunto qué puede ser tan duro en la vida como para perder la esperanza... me gusta que tu relato deje mucho espacio a la imaginación. Me ha encantado leerlo. Te dejo un abrazo cariñoso y un besito.

Me encanta contar con la siempre valiosa y sensible compañía de tus palabras, querida María. ¡Mil gracias y un maravilloso domingo junto a tu bella familia!:

Ariel
 

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