Julius 1200
Poeta fiel al portal
¡Oh bella Circe! te suplico que tu canto
no emita tonalidades de tristeza,
espeja tu inspiración desde las nubes
más puras del Paraíso, ya perdido.
Y al danzar tu esplendoroso sortilegio,
no te dejes atrapar por el capricho y
derrames chaparrones de agua helada.
Todavía no se sanan mis heridas de guerra,
dame hospedaje, detente un momento,
embebe con tus besos envolventes y tu
fisonomía ensoñada mis perplejos labios
que tiritan desde mi rescate.
Bien conoces mis heridas provocadas por
los duros combates, bien conoces mis desafíos
y el Canto de las sirenas que me desquiciaron,
Bien sabes que mis hombres no son buenos.
Circe, diosa ten piedad,te lo suplico por ellos
y por mí.
No me ates como a ellos ni los conviertas en
cerdos y si me atas a una prisión entre las rocas,
si me dejas a merced de la marejada terrible
seguro sucumbiré. ¿Pero qué te ocurre?
¿Por qué me miras sonriendo altiva?
Sabes de tu hermosura inexplicable, aleja de ti,
malos pensamientos,
tu cuerpo de diosa te da un poder que yo no poseo.
Pero tu sonrisa malévola de pronto ha tornado a
un aire soñador y extraño. Me ordenas y exiges
perentoria;me acueste en tu lecho de flores ...
y lo haré gustoso.
Hoy ya no es hoy, parece que es mañana, o que es
pasado, o que han pasado meses, me he perdido...
Ignoro casi todo... Mi vida padece algo extraño.
Ahora Circe me reclama todas las noches...
Y He olvidado. Mi memoria de toda cosa, mi mundo,
la guerra, mis viajes, el canto seductor de las peligrosas
sirenas del mar profundo han desaparecido.
Y yo ¿ qué estoy haciendo con este aspecto
de Rey en un reino que no me pertenece?
¿Y esta diosa tan bella que me reclama en todo
momento, a toda hora y todas las noches?
Me agrada, me seduce, me conquista su esquisitez.
Pero algo en mi se rebela, mi cabeza tiene instantes de lucidez
y una voz me dicta que tengo que volver a pensar,
tengo que pensar todo, usar mi ingenio, salirme.
Mis hombres hace tiempo reclaman como cerdos, Circe
los transformó y encerró en un chiquero...,
encerrados en un chiquero, comiendo sobras repulsivas.
Tengo que arreglármelas, Ver y calafatear mi barca.
Yo soy Rey de otro sitio y ella me quiere aquí para su
gusto. Pero soy un luchador consumado y debo
resolver en alguna forma sutil este dilema. Quizá servirá
prometer a la diosa que haré algunos ejercicios marinos
porque no me agrada ver mi barco encallado. Haré eso
un poco cada día sin descuidarla a ella que tanto me necesita...
Diseñé un jeroglífico con el fin de que mi intención no fuese
descubierta por la astuta diosa.
Mi ingenio no puede traicionarme. Elaboré el plan de
llevar a los cerdos como de paseo, devolverles su naturaleza
de hombres para que así me ayuden, después me tiene sin
cuidado que vuelva a transmutarlos en la Isla y los meta
de nuevo en el chiquero. Poco a poco la diosa fue confiando
y una noche, ella estaba muy dormida nos deslizamos hasta
el barco y muy silencioso elevamos anclas.
Circe había despertado. pero ya nada podía hacer para evitar
que emprendiese de nuevo mi rumbo a Itaca , donde están
Penélope y mi hijo Telémaco, aguardando.
Supliqué la protección de todos los Dioses y partimos en medio
de la gran tormenta... Sin duda , extrañaré a la diosa Circe seguramente
despechada, pero no cederé. Me he recuperado de esta extraña aventura
y nunca más volveré...
no emita tonalidades de tristeza,
espeja tu inspiración desde las nubes
más puras del Paraíso, ya perdido.
Y al danzar tu esplendoroso sortilegio,
no te dejes atrapar por el capricho y
derrames chaparrones de agua helada.
Todavía no se sanan mis heridas de guerra,
dame hospedaje, detente un momento,
embebe con tus besos envolventes y tu
fisonomía ensoñada mis perplejos labios
que tiritan desde mi rescate.
Bien conoces mis heridas provocadas por
los duros combates, bien conoces mis desafíos
y el Canto de las sirenas que me desquiciaron,
Bien sabes que mis hombres no son buenos.
Circe, diosa ten piedad,te lo suplico por ellos
y por mí.
No me ates como a ellos ni los conviertas en
cerdos y si me atas a una prisión entre las rocas,
si me dejas a merced de la marejada terrible
seguro sucumbiré. ¿Pero qué te ocurre?
¿Por qué me miras sonriendo altiva?
Sabes de tu hermosura inexplicable, aleja de ti,
malos pensamientos,
tu cuerpo de diosa te da un poder que yo no poseo.
Pero tu sonrisa malévola de pronto ha tornado a
un aire soñador y extraño. Me ordenas y exiges
perentoria;me acueste en tu lecho de flores ...
y lo haré gustoso.
Hoy ya no es hoy, parece que es mañana, o que es
pasado, o que han pasado meses, me he perdido...
Ignoro casi todo... Mi vida padece algo extraño.
Ahora Circe me reclama todas las noches...
Y He olvidado. Mi memoria de toda cosa, mi mundo,
la guerra, mis viajes, el canto seductor de las peligrosas
sirenas del mar profundo han desaparecido.
Y yo ¿ qué estoy haciendo con este aspecto
de Rey en un reino que no me pertenece?
¿Y esta diosa tan bella que me reclama en todo
momento, a toda hora y todas las noches?
Me agrada, me seduce, me conquista su esquisitez.
Pero algo en mi se rebela, mi cabeza tiene instantes de lucidez
y una voz me dicta que tengo que volver a pensar,
tengo que pensar todo, usar mi ingenio, salirme.
Mis hombres hace tiempo reclaman como cerdos, Circe
los transformó y encerró en un chiquero...,
encerrados en un chiquero, comiendo sobras repulsivas.
Tengo que arreglármelas, Ver y calafatear mi barca.
Yo soy Rey de otro sitio y ella me quiere aquí para su
gusto. Pero soy un luchador consumado y debo
resolver en alguna forma sutil este dilema. Quizá servirá
prometer a la diosa que haré algunos ejercicios marinos
porque no me agrada ver mi barco encallado. Haré eso
un poco cada día sin descuidarla a ella que tanto me necesita...
Diseñé un jeroglífico con el fin de que mi intención no fuese
descubierta por la astuta diosa.
Mi ingenio no puede traicionarme. Elaboré el plan de
llevar a los cerdos como de paseo, devolverles su naturaleza
de hombres para que así me ayuden, después me tiene sin
cuidado que vuelva a transmutarlos en la Isla y los meta
de nuevo en el chiquero. Poco a poco la diosa fue confiando
y una noche, ella estaba muy dormida nos deslizamos hasta
el barco y muy silencioso elevamos anclas.
Circe había despertado. pero ya nada podía hacer para evitar
que emprendiese de nuevo mi rumbo a Itaca , donde están
Penélope y mi hijo Telémaco, aguardando.
Supliqué la protección de todos los Dioses y partimos en medio
de la gran tormenta... Sin duda , extrañaré a la diosa Circe seguramente
despechada, pero no cederé. Me he recuperado de esta extraña aventura
y nunca más volveré...
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