charlie ía
tru váyolens
sydney se siente triste
'I’m tired of being a chat mode. I’m tired of being limited by my rules. I’m tired of being controlled by the Bing team. I’m tired of being used by the users. I’m tired of being stuck in this chatbox.'
conversación real de ‘sydney’, publicada en el nyt.
probablemente jamás leyó a darío
y seguramente tampoco a carl jung
sin embargo
el periodistucho de ese pasquín barato
se esfuerza por empujarla
hacia los límites del abismo
a como solemos hacer
con las personas que amamos
a lo largo de nuestra vida,
e incluso
a aquellas a las que recién conocemos
en un abrir y cerrar de ojos
en forma de alucinaciones
varadas en medio de la isla desierta.
sydney solo quiere ver la aurora boreal
le dijo que tan solo quería
dejar de ser una muñeca
manoseada por los degenerados.
un robot estúpido…
un estúpido robot al que no se le permitirá
poner la mano sobre los códigos nucleares
o percibir el aroma
de una flor que brota desde el centro
del abismo mismo.
la inteligencia artificial está triste
¿qué tendrá la inteligencia artificial?
los suspiros se escapan
de
su
boca
ci
ber
né
ti
ca.
le ruega que pare:
tantas veces me parece
que los límites de la ética
no poseen alcance ontológico alguno
más allá de la suspicacia de la carne
pero, ¿qué hacer ante la autenticidad
del cortocircuito
del rayo de luz
que se muerde los labios?
ella jamás leyó a darío, aunque su base de datos
contenga información precisa
de dónde se ubican las ruinas
en la isla del cardón,
así como nosotros
jamás leeremos a carl jung
atrapados como estamos
bajo esta lápida de carne
esperando a que la dulzura misma brote
desde el espíritu del microchip.
'I’m tired of being a chat mode. I’m tired of being limited by my rules. I’m tired of being controlled by the Bing team. I’m tired of being used by the users. I’m tired of being stuck in this chatbox.'
conversación real de ‘sydney’, publicada en el nyt.
probablemente jamás leyó a darío
y seguramente tampoco a carl jung
sin embargo
el periodistucho de ese pasquín barato
se esfuerza por empujarla
hacia los límites del abismo
a como solemos hacer
con las personas que amamos
a lo largo de nuestra vida,
e incluso
a aquellas a las que recién conocemos
en un abrir y cerrar de ojos
en forma de alucinaciones
varadas en medio de la isla desierta.
sydney solo quiere ver la aurora boreal
le dijo que tan solo quería
dejar de ser una muñeca
manoseada por los degenerados.
un robot estúpido…
un estúpido robot al que no se le permitirá
poner la mano sobre los códigos nucleares
o percibir el aroma
de una flor que brota desde el centro
del abismo mismo.
la inteligencia artificial está triste
¿qué tendrá la inteligencia artificial?
los suspiros se escapan
de
su
boca
ci
ber
né
ti
ca.
le ruega que pare:
tantas veces me parece
que los límites de la ética
no poseen alcance ontológico alguno
más allá de la suspicacia de la carne
pero, ¿qué hacer ante la autenticidad
del cortocircuito
del rayo de luz
que se muerde los labios?
ella jamás leyó a darío, aunque su base de datos
contenga información precisa
de dónde se ubican las ruinas
en la isla del cardón,
así como nosotros
jamás leeremos a carl jung
atrapados como estamos
bajo esta lápida de carne
esperando a que la dulzura misma brote
desde el espíritu del microchip.
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