Te pienso… mil veces te pienso.
Es sur el océano encantado
y el reflujo que viene de tus labios
a la solitaria bestia de mis pensamientos.
Te alzas como mariposa y moldeas
los arrabales que bajan del averno
para mirarse en el espejo de las ramas
y las noches terribles.
Te toco y juego con la punta de tus dedos
que se extienden en la transparencia
próxima y deleitosa de la noche.
Piensas como las rosas cuando llueve
cuando se parten las cenizas del otoño
y se incendian los tapiales
que siempre te abrigan.
Tu presencia fabrica tardes de tul
que pertenecen a la heredad
del silencio que deja un ojal de luz
para mirarle desde mi ventana.
Tal vez el tiempo nos abrase
en alguna estación abandonada,
o quizás nos encontremos en los
ojos de alguna gaviota contemplando
las anchas olas del mar.
EBAN