esthergranados
Poeta adicto al portal
Su techo era el cielo. Todas las noches, antes de dormir, lo último que veía era su negrura salpicada de puntitos luminosos parpadeando. Al amanecer, observaba desde la dureza de la alfombra de cartones despuntar la mañana. Un perro, tan callejero como ella, era su única y fiel compañía. La miré y me vi reflejada en el espejo de sus ojos: vestía con sus mismos harapos, y tenía esa mirada suya perdida y triste. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, y sentí miedo. Mucho miedo.