Tema bucólico 2: isla de San Gabriel

musador

esperando...
Llega el ocaso lentamente al río,
navega el sol hacia el poniente abierto
donde se cierne el porvenir incierto
al que da forma un nubarrón sombrío.

Por la estela del sol nuestro navío
abandonando lentamente el puerto
hace rumbo a las aguas del desierto
donde la noche espera con su frío.

A babor San Gabriel con su ternura
de hospitalaria isla nos despide,
con su verde saluda tentadora.

Del oriente la brisa nos apura
y una ola brusca nuestros bríos mide
al golpear en la isla y nuestra prora.


Nota: la isla de San Gabriel es una pequeña isla que está a pocas millas del puerto de Colonia del Sacramento, en la República Oriental del Uruguay. Para retornar a mi patria navegando paso a pocos metros de sus costas, más allá el inmenso (a esa altura tiene unas 40 millas naúticas de ancho) Río de la Plata nos esperaba junto con la noche en este caso que recuerdo.
 
Última edición:
Para un navegante perpetuo, quizás sea bucólico versar del paisaje que le rodea y mirar la isla y sus verdes desde la lejanía ... siempre dejando atrás la tierra, el último puerto. Un recuerdo que nos transmites con una cierta nostalgia y mucha belleza en tus versos.
Un abrazo.
 
El campo del marino son las aguas, sus corderos son las dulces olas, una isla es una laguna de tierra donde los cangrejos se abrevan.
Hay una sensación hermosa cuando cae la noche navegando: se estrecha el horizonte y salvo por lejanas lucecillas, que quizás acentúan la sensación, te sientes inmensamente solo. En esta ocasión que narro estaba con mi hijo, es decir que compartía esa emoción.
En el campo la noche es distinta, casi siempre se perfila algún árbol en el horizonte que te permite intuirlo en la lejanía.
un abrazo, Isabel
j.
 
Llega el ocaso lentamente al río,
navega el sol hacia el poniente abierto
donde se cierne el porvenir incierto
al que da forma un nubarrón sombrío.

Por la estela del sol nuestro navío
abandonando lentamente el puerto
hace rumbo a las aguas del desierto
donde la noche espera con su frío.

A babor San Gabriel con su ternura
de hospitalaria isla nos despide,
con su verde saluda tentadora.

Del oriente la brisa nos apura
y una ola brusca nuestros bríos mide
al golpear en la isla y nuestra prora.

Precioso recorrido jorge, casi que logré verlo a pesar de no verlo ni conocerlo, un fuerte abrazo y gracias por estar siempre presente en mis retos.


Nota: la isla de San Gabriel es una pequeña isla que está a pocas millas del puerto de Colonia del Sacramento, en la República Oriental del Uruguay. Para retornar a mi patria navegando paso a pocos metros de sus costas, más allá el inmenso (a esa altura tiene unas 40 millas naúticas de ancho) Río de la Plata nos esperaba junto con la noche en este caso que recuerdo.
 
El campo del marino son las aguas, sus corderos son las dulces olas, una isla es una laguna de tierra donde los cangrejos se abrevan.
Hay una sensación hermosa cuando cae la noche navegando: se estrecha el horizonte y salvo por lejanas lucecillas, que quizás acentúan la sensación, te sientes inmensamente solo. En esta ocasión que narro estaba con mi hijo, es decir que compartía esa emoción.
En el campo la noche es distinta, casi siempre se perfila algún árbol en el horizonte que te permite intuirlo en la lejanía.
un abrazo, Isabel
j.
No tengo ninguna duda de eso, Jorge, ya ves que yo me definía en un poema como una niña de salitre, como una agota de mar...difícil alejarse del paisaje que nos rodea si queremos poner el alma en el poema.Hermoso lo que describes en tu comentario, Jorge,siempre me gustó tu forma de contar, casi tanto como tu poesía. Tu emoción ante la belleza del paisaje y compartida con tu hijo, la hace más grande ...un maravilloso recuerdo contado de tal forma que transmites esa emoción. Gracias por compartirlo
Un abrazo, Jorge.
 
Última edición:
Bellísima poesía Jorge. Conozco el paisaje que describes al menos he estado muy cerca y doy fe de que lo pintas de maravillas en tus letras.
Un abrazo.
 
Gracias, Malena. La verdad es que visitar esa otra orilla de nuestro río tiene muchos y muy diversos encantos. Uno de ellos es el ver el ocaso sobre el río, otro es ver a su Majestad el Pampero armar sus nubarrones en la lejanía sobre las aguas.
Posiblemente hayas estado en el muelle de madera del puerto deportivo de Colonia, donde suelo atracar cuando voy, y que es un lugar frecuentado a la hora del ocaso justamente por el encanto de este paisaje,

abrazo
J.
 
Última edición:
Hasta me parece sentir la brisa mientras leo tu bello poema. Y es que el agua inspira hermosos poemas como este. Los puertos tienen magia y los barcos también. Grato leerte. Saludos y Bendiciones.
 

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