A François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire.
Tenaz reloj, metálico latido
en permanente ciclo prisionero.
¿Por qué será que tu tictac de acero
desgrana ya las cuentas del olvido?
Tu inexorable pulso repetido
limita cuanto vivo y cuanto espero,
mi postrera mirada y cuando muero
a tu severa pauta sometido.
¡Mecánico ritual de un alma plana
en la ecuación precisa de tu horquilla!
Por ti, cuadriculada y cartesiana
nos quedará sufrir la pesadilla
del tránsito vital en la membrana
de la rígida piel de tu plantilla.
Es raro que un oficio que trata un tema tan filosófico como el tiempo y su medición no tenga un vínculo más estrecho con el librepensamiento. La excepción quizá fuera Voltaire, aunque parece que el humanista francés buscara en la relojería más un lucrativo negocio que una fuente de inspiración metafísica.