Estefanía André Feijoó
Poeta recién llegado
​Pasan las horas que pesan,
y el tic tac de mi reloj palpitante cierra su puerta.
Tic, tac
Se apaga la luz, se enciende mi llama.
Y su imaginación se adueña de mi alma.
Me hace vislumbrar un presente inapropiado
salpicado por un pasado incauto,
permitiéndome acariciarlos
Hechos que transcurren a su tiempo exacto.
Tic tac
Cerrojo echado me dejo envolver por sus manos.
Mastico su aliento, me traspasa
Duele tanto ser prisionera de su encanto,
que me encanta,
cuando su ego se revuelca ardiente y gélido
y me encoge de deseo,
y me calla
y me grita
y me hace sentir prohibida.
Tic, tac .
Y mi reloj palpita.
Ese sonido que cabalgando las horas
le hace el amor al tiempo,
que ahora siento, húmedo,
escurrirse entre mis dedos,
como el agua que emana de mi alma
cuando a pasos agigantados
rehuyo de sus besos para de nuevo
encontrarme con ellos.
Y es que resulta tan tentadora la desobediencia a la razón,
que carente de abstinencia
le lleva y me lleva a la más surrealista impaciencia.
Tic, tac .
Agujas que se mueven a ritmo de fuego.
Conjuran lo que veo y me hacen pecar de gula,
ansiando saborear su piel,
y sobre mi lengua deslizar su carne,
alimentarme de su ser,
dar rienda suelta a mi garganta, engullir el tiempo.
Tiempo, que fluyendo te dejas
consumir como el hielo,
por plagas de hechos
irrelevantes e inconexos.
Tic, tac .
Vaivén de horas y segundos
que me hacen bailar con ellos.
Y clandestino sonido de pestillo
me anuncia la llegada de Deseo,
personificación de artimaña,
perversión,
empeño de húmeda flor
de ser apuñalada por su mugrienta espada.
Tic, tac . tic, tac tic, tac
Gemido de reloj me hace presa de su pasión,
segundos poseídos por su ego, cuyos dedos
se hacen dueños de mis titubeos
recorriendo los recovecos de mis pensamientos.
Y el fluir de su fragancia inunda mis entrañas
Y el compás de sus movimientos
Me hace volar, flotar, levitar sobre su cama.
Tic... Tac
Y la niña ya no es flor, ni tierna ni marchita.
La niña es sábanas, agua y almohada.
Estefanía André Feijoó.
y el tic tac de mi reloj palpitante cierra su puerta.
Tic, tac
Se apaga la luz, se enciende mi llama.
Y su imaginación se adueña de mi alma.
Me hace vislumbrar un presente inapropiado
salpicado por un pasado incauto,
permitiéndome acariciarlos
Hechos que transcurren a su tiempo exacto.
Tic tac
Cerrojo echado me dejo envolver por sus manos.
Mastico su aliento, me traspasa
Duele tanto ser prisionera de su encanto,
que me encanta,
cuando su ego se revuelca ardiente y gélido
y me encoge de deseo,
y me calla
y me grita
y me hace sentir prohibida.
Tic, tac .
Y mi reloj palpita.
Ese sonido que cabalgando las horas
le hace el amor al tiempo,
que ahora siento, húmedo,
escurrirse entre mis dedos,
como el agua que emana de mi alma
cuando a pasos agigantados
rehuyo de sus besos para de nuevo
encontrarme con ellos.
Y es que resulta tan tentadora la desobediencia a la razón,
que carente de abstinencia
le lleva y me lleva a la más surrealista impaciencia.
Tic, tac .
Agujas que se mueven a ritmo de fuego.
Conjuran lo que veo y me hacen pecar de gula,
ansiando saborear su piel,
y sobre mi lengua deslizar su carne,
alimentarme de su ser,
dar rienda suelta a mi garganta, engullir el tiempo.
Tiempo, que fluyendo te dejas
consumir como el hielo,
por plagas de hechos
irrelevantes e inconexos.
Tic, tac .
Vaivén de horas y segundos
que me hacen bailar con ellos.
Y clandestino sonido de pestillo
me anuncia la llegada de Deseo,
personificación de artimaña,
perversión,
empeño de húmeda flor
de ser apuñalada por su mugrienta espada.
Tic, tac . tic, tac tic, tac
Gemido de reloj me hace presa de su pasión,
segundos poseídos por su ego, cuyos dedos
se hacen dueños de mis titubeos
recorriendo los recovecos de mis pensamientos.
Y el fluir de su fragancia inunda mis entrañas
Y el compás de sus movimientos
Me hace volar, flotar, levitar sobre su cama.
Tic... Tac
Y la niña ya no es flor, ni tierna ni marchita.
La niña es sábanas, agua y almohada.
Estefanía André Feijoó.
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