Mike Flores
Poeta recién llegado
Ese dogma infantil de olvidar en dos días, esa ingenua altivez del que no ama, se me quebró en el pecho cuando el alma probó el calor que tú le depararias.
Heme aquí, dieciséis inviernos tarde, naufragando en la costa de tu aroma, viendo cómo la noche se desploma mientras mi fe por tu porvenir arde.
Le pido al tiempo que el ayer no borre, que me permita mantener el fuego, mientras mi vida, en un invierno ciego, por el camino de su rumbo corre.
Heme aquí, viviendo la utopía de caminar el mundo sin tenerte, con el empeño fiel de no perderte y de pensarte hasta mi último día.
No fueron meses, fue la vida entera; rezándole a la luna que te cuide, con este amor que el tiempo no divide, y que ha de acompañarme hasta que muera.
Heme aquí, dieciséis inviernos tarde, naufragando en la costa de tu aroma, viendo cómo la noche se desploma mientras mi fe por tu porvenir arde.
Le pido al tiempo que el ayer no borre, que me permita mantener el fuego, mientras mi vida, en un invierno ciego, por el camino de su rumbo corre.
Heme aquí, viviendo la utopía de caminar el mundo sin tenerte, con el empeño fiel de no perderte y de pensarte hasta mi último día.
No fueron meses, fue la vida entera; rezándole a la luna que te cuide, con este amor que el tiempo no divide, y que ha de acompañarme hasta que muera.