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Ese dogma infantil de olvidar en dos días, esa ingenua altivez del que no ama, se me quebró en el pecho cuando el alma probó el calor que tú le depararias.
Heme aquí, dieciséis inviernos tarde...
Nunca entendí cuando decían las personas que no podían olvidar un amor, a meses o días después del rompimiento; en mi mundo de inmadurez yo siempre argumentaba que bastaban un par de días para el...
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