Título de cuento breve y conciso.

Afrika

Poeta recién llegado
Aún recuerdo el dulce olor a sudor limpio y reticente que emanaba su nuca; éramos dos piezas inamoldablemente perfectas debajo del edredón. Su coño era dulce y joven, y descubrir los secretos de su espalda fue una de mis más tópicas y pavorosas pasiones. Me encantaba molestarla riéndome de sus imperfecciones: granos, puntos negros... cualquiera era la excusa para tocarla un rato más y escuchar sus gritos aquejosos; torturarla era uno de mis juegos favoritos. Y sigue siéndolo, tan sólo que ahora es el silencio lo que nos mantiene vivas. Hemos abusado tanto de nuestras mentes y de nuestros cuerpos que tan sólo nos queda el vacio, mantener a cualquier precio el recuerdo de una vieja locura entre dos ex lesbianas con sed de enfermarnos una a la otra. Nos amábamos como se aman dos ratas en una jaula, mordiéndose por aburrimiento y durmiendo juntas concediéndonos el calor dentro de la inmensa soledad del frío metal. Sí, nos amamos. Tanto, que, en el fondo, ansiamos no vernos nunca más.
 
í, nos amamos. Tanto, que, en el fondo, ansiamos no vernos nunca más.

Quizás es tanta la congoja, que duele. Y sabes en el fondo que se va, que se irá algún día, por eso se sufre de antemano.
Hemos abusado tanto de nuestras mentes y de nuestros cuerpos que tan sólo nos queda el vacio

El cuerpo tiene limites, los limites están en todas partes, menos en los sueños, o al menos no son facilmente alcanzables.

Saludos.
 
Aún recuerdo el dulce olor a sudor limpio y reticente que emanaba su nuca; éramos dos piezas inamoldablemente perfectas debajo del edredón. Su coño era dulce y joven, y descubrir los secretos de su espalda fue una de mis más tópicas y pavorosas pasiones. Me encantaba molestarla riéndome de sus imperfecciones: granos, puntos negros... cualquiera era la excusa para tocarla un rato más y escuchar sus gritos aquejosos; torturarla era uno de mis juegos favoritos. Y sigue siéndolo, tan sólo que ahora es el silencio lo que nos mantiene vivas. Hemos abusado tanto de nuestras mentes y de nuestros cuerpos que tan sólo nos queda el vacio, mantener a cualquier precio el recuerdo de una vieja locura entre dos ex lesbianas con sed de enfermarnos una a la otra. Nos amábamos como se aman dos ratas en una jaula, mordiéndose por aburrimiento y durmiendo juntas concediéndonos el calor dentro de la inmensa soledad del frío metal. Sí, nos amamos. Tanto, que, en el fondo, ansiamos no vernos nunca más.
Un relato donde el dolor deja ese fluido para sentir que las cosas y formas se
nos escapan. me gusto. saludos amables de luzyabsenta
 

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