Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
El papel donde rubrican el diagnóstico
se vuelve tu nueva acta de nacimiento, tu ID,
tu carnet para votar, tu pasaporte.
Ahora eres fibrosis quística
o lupus eritematoso
o trastorno de identidad disociativo.
La enfermedad te ha suplantado de tal forma
que no tienes espacio para la contradicción
y la circunstancia,
para la aleatoriedad del ser.
Tu manifestación en el mundo
ahora se mide por la tos, los marcadores,
la materia apenas biológica que extraen
de ti para buscarte bajo el microscopio.
No eres más la abogada que mienta madres,
la joven promesa del basquetbol,
el hombre que recoge la basura,
sino la señora con cáncer del paliacate morado,
el muchacho dializado en la silla de ruedas,
el pobrecito que se está muriendo de cirrosis.
Fuiste tantos y ahora eres uno: Memento mori.
Carbono que se degrada.
La sala de espera del hospital
huele bosque de jeringas, a sombra untada
en los huesos,
y solo puedo pensar, egoísta,
que mi perfecto estado de salud física
debiera ser un insulto para estas personas
que hacen bien en no notar mi existencia
solo amenazada por mis delirios nigrománticos.
Mi amiga aparece detrás de su al fin paz sonriente,
que desentona a todas luces en la representación
teatral de una migraña.
Todo bien, Pedrito. Vámonos.
Esa chingadera no ha vuelto,
pero necesito vitaminas y relajarme.
¿Qué estuviste haciendo?
Le digo que mirando enfermeras;
su sonrisa de descose en una carcajada,
y vamos por unos tacos.
Ahora que tengo plena conciencia
de que la salud de los que soy me está matando,
mi billetera está un milímetro menos anoréxica
con una tarjeta de donador de entrañas.
se vuelve tu nueva acta de nacimiento, tu ID,
tu carnet para votar, tu pasaporte.
Ahora eres fibrosis quística
o lupus eritematoso
o trastorno de identidad disociativo.
La enfermedad te ha suplantado de tal forma
que no tienes espacio para la contradicción
y la circunstancia,
para la aleatoriedad del ser.
Tu manifestación en el mundo
ahora se mide por la tos, los marcadores,
la materia apenas biológica que extraen
de ti para buscarte bajo el microscopio.
No eres más la abogada que mienta madres,
la joven promesa del basquetbol,
el hombre que recoge la basura,
sino la señora con cáncer del paliacate morado,
el muchacho dializado en la silla de ruedas,
el pobrecito que se está muriendo de cirrosis.
Fuiste tantos y ahora eres uno: Memento mori.
Carbono que se degrada.
La sala de espera del hospital
huele bosque de jeringas, a sombra untada
en los huesos,
y solo puedo pensar, egoísta,
que mi perfecto estado de salud física
debiera ser un insulto para estas personas
que hacen bien en no notar mi existencia
solo amenazada por mis delirios nigrománticos.
Mi amiga aparece detrás de su al fin paz sonriente,
que desentona a todas luces en la representación
teatral de una migraña.
Todo bien, Pedrito. Vámonos.
Esa chingadera no ha vuelto,
pero necesito vitaminas y relajarme.
¿Qué estuviste haciendo?
Le digo que mirando enfermeras;
su sonrisa de descose en una carcajada,
y vamos por unos tacos.
Ahora que tengo plena conciencia
de que la salud de los que soy me está matando,
mi billetera está un milímetro menos anoréxica
con una tarjeta de donador de entrañas.
30 de enero de 2024