Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El ocaso cambia el gen,
las formas, con rubor cándido,
mientras libera a las aves,
sin sentido, solo caos.
Las partículas más ínfimas:
quintaesencias de mármol,
ríos de aguas insurrectas,
burbujas de piel, de árbol.
¡Alma, has perdido las llaves!
¡Sin sombra, ah, bosque sin canto!
¡Hondo cielo de preguntas,
y mucho más que de astros!
Rostro de espejos, ladrón
de simetrías, retratos,
detenidos en pinturas,
son los reflejos intactos
que el artista deconstruye,
el cristal, su mejor cuadro.
Por si el frenesí aparece,
la luna nos ha dejado
una labor sensorial.
Duerme la vista, el olfato,
fosiliza mi figura,
y cuando resuena el rayo
que me sume en sus abismos
-Truenos que cambian de saltos,
se mimetizan, se acoplan
a la chispa de los dardos,
y en sus juegos de almohada,
duermen tormentas de manos.-,
donde se arrugan las olas,
como muerte sin sudarios,
se sumergen en delirios,
espejos de cuerpos falsos,
roto el cristal, el destino,
de las mansiones, al tacto,
como la pluma del tiempo,
ah, hojas que apuntáis más alto,
ah, estruendos del más allá,
de las nubes del impacto,
del ocre de las cavernas,
permanecen solo claros,
algunas fisuras, musgo,
la otra mirada del faro,
y una ciudad en mis dedos,
diminutos, y asustados,
tiembla el papel ante el aire,
se dobla de lado a lado,
lucen tormentas de ideas,
guerra de infinitos flancos.
las formas, con rubor cándido,
mientras libera a las aves,
sin sentido, solo caos.
Las partículas más ínfimas:
quintaesencias de mármol,
ríos de aguas insurrectas,
burbujas de piel, de árbol.
¡Alma, has perdido las llaves!
¡Sin sombra, ah, bosque sin canto!
¡Hondo cielo de preguntas,
y mucho más que de astros!
Rostro de espejos, ladrón
de simetrías, retratos,
detenidos en pinturas,
son los reflejos intactos
que el artista deconstruye,
el cristal, su mejor cuadro.
Por si el frenesí aparece,
la luna nos ha dejado
una labor sensorial.
Duerme la vista, el olfato,
fosiliza mi figura,
y cuando resuena el rayo
que me sume en sus abismos
-Truenos que cambian de saltos,
se mimetizan, se acoplan
a la chispa de los dardos,
y en sus juegos de almohada,
duermen tormentas de manos.-,
donde se arrugan las olas,
como muerte sin sudarios,
se sumergen en delirios,
espejos de cuerpos falsos,
roto el cristal, el destino,
de las mansiones, al tacto,
como la pluma del tiempo,
ah, hojas que apuntáis más alto,
ah, estruendos del más allá,
de las nubes del impacto,
del ocre de las cavernas,
permanecen solo claros,
algunas fisuras, musgo,
la otra mirada del faro,
y una ciudad en mis dedos,
diminutos, y asustados,
tiembla el papel ante el aire,
se dobla de lado a lado,
lucen tormentas de ideas,
guerra de infinitos flancos.
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