(
Melodía, ajena a todo, está en su cuarto, escribiendo poemas)
—¡Tardo un minuto en salir,
espero que no haya prisa!—
(Yo no puedo consentir
que me vean de esta guisa...)
Quiero estar hecha un pincel.
¿Quién será el que me visita?
¿Algún apuesto doncel
de esos que llevan levita?
Me acicalo con esmero
para estar resplandeciente,
de curiosidad me muero...
¿me gustará el pretendiente?
(
Melodía sale a la sala y ve al abuelo Nicasio, queda estupefacta pues no había leído la nota, ya que su madre, muy taimada, no se la había dado por temor a la negativa de ella. No olvidemos que Nicasio es un pretendiente con posibles)
Buenas tardes, caballero,
no esperaba su visita.
Que se encuentre bien espero...
—la voz se le debilita—
Está usted muy elegante,
Don Nicasio, de verdad,
con su chaleco de ante...
y lleva muy bien su edad.
Pero es la ingrata cuestión
que me tengo que marchar,
ya tendremos ocasión
de volver a platicar.
Mamá, me tengo que ir,
me esperan unas amigas...
(A toda prisa hay que huir,
no me gustan las intrigas)
(
Melodía coge el portante y se larga, dejando a ambos con la boca abierta)