Calimero
Poeta recién llegado
Los caballos aprenden, muy veloces,
a perder las carreras; en exceso
tristes, meditan viendo el gran absceso
de tanta oscuridad que desconoces.
Tú tienes, en tus ojos, los precoces
rayos de eucaristía, el vientre leso
de la luna -hemorragias del proceso
que termina contigo y no conoces-.
Los miras, siguen solos, languidecen,
lúgubres, en cultivos de memoria
ancestral, mientras limpias los mojones.
Quieres morir. Tan rápido obedecen.
Quién lo diría. ¿Cómo es tanta euforia,
inyectada, cayendo por bajones?
a perder las carreras; en exceso
tristes, meditan viendo el gran absceso
de tanta oscuridad que desconoces.
Tú tienes, en tus ojos, los precoces
rayos de eucaristía, el vientre leso
de la luna -hemorragias del proceso
que termina contigo y no conoces-.
Los miras, siguen solos, languidecen,
lúgubres, en cultivos de memoria
ancestral, mientras limpias los mojones.
Quieres morir. Tan rápido obedecen.
Quién lo diría. ¿Cómo es tanta euforia,
inyectada, cayendo por bajones?
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