JuanXXIV
Poeta recién llegado
Ay, Triana,
a dónde mi
persona viaja en
cada poesía.
Tierra de fé,
humildad, arte,
alegría y
duendes.
Triana, tierra
de mantones,
cirios, rosas
y costales,
tierra, al igual
que toda
Andalucía
de poetas.
Tierra dónde
duerme
Santa
Ana,
abrazada
por el río
que ha dado el
aliento a tantos
y tantos
poetas,
músicos
y musas.
Ay, Triana,
hoy te quiero
confesar mis
miedos.
La España en
la que nací
y viví mi
niñez,
por desgracia,
la llevan
años ya
fusilando.
El PSOE,
el partido
que en antaño
era del pueblo,
ahora, Triana,
ya lo es sólo
de una élite
maquiavélica.
Oh, Triana,
yo no estoy
libre de
pecado
para poder
tirar yo
la primera
piedra,
más, sin
embargo,
mi miedo es
cómo el Guadalquivir.
El mundo está
envuelto en
gasolina,
y una chispa,
que la Divina
Pastora
no quiera que
llegué,
es la necesaria
para que se
envuelva,
si no lo está ya,
en llamas.
Llamas tan
altas cómo las
hogueras de San Juan.
Ay, Triana,
bañada por
el bello
Guadalquivir,
¿A dónde
va el Mundo?
Y Andalucía?
Y España?
Cada día,
más y más
negacionistas
del Cambio Climático
ocupan los
despachos
presidenciales
del mundo.
Mercaderes
de templo
que sólo sirven
al dinero,
prefiriendo
dejar un mundo
oscuro y gris
antes que sin dinero.
Oh, Triana,
mis dieciocho
años han
sido testigos.
Testigos de
cómo la
España del
respeto,
la comunicación,
la honradez,
la moderación,
la fraternidad,
el amor al
arte y a
la diversidad,
ya no existe.
Soy testigo
de cómo
la ultraderecha
avanza, impasible,
de cómo la
cultura es
politizada
y la lengua,
de cómo se
impone una
lengua sobre
otra,
de cómo se
discrimina al
que no habla
su lengua.
Testigo de cómo
las mezquitas
crecen y
se llenan,
y cómo las
iglesias cada
día están más
vacías,
de cómo los
claustros son
politizados y
desprestigiados.
De cómo,
Triana, un
gobierno
ignora a su pueblo,
De cómo este
Poncio Pilato
se lavó las
manos con
“Es que no
nos lo pidieron”,
mientras él
festejaba en India.
De cómo, Triana,
tu tierra, Andalucía,
se ha convertido
en una orquídea,
la cuál surgió
ante la muerte
y defunción
de tu rosa roja,
que ahora es
negra cómo el
carbón y la
pólvora,
y la mano
que te daba
la rosa roja,
que era blanca,
ahora está
su guante
blanco teñido,
manchado,
por la sangre
de los
valencianos
y víctimas
del terrorismo,
de los
asesinados
por delito de odio,
de la Educación,
asesinada cruel
y ferozmente
por Celáa.
Oh, Triana,
¿Qué hacemos?
Cómo volvemos
a la bella España?
Ay, Triana,
que nos gobierna
ahora un hombre
desde Bruselas
por sólo 7
escaños.
¿Eso vale España?
7 votos?
Si es así,
Triana,
al parecer ya
no somos iguales.
Mi testimonio
de hombre
ya vale menos,
mi opinión
cómo católico
y defensor
de la igualdad
de los españoles
y las españolas,
ya no cuenta
para la élite
populista.
Ay, Triana,
¿Cuándo
volverá la
fé a ser respetada?
Cuándo los
musulmanes,
judíos,
evangélicos,
ortodoxos,
Testigos de
Jehová,
mormones
y tantos
distintos
credos de
España
volveremos
a abrazarnos
y ser
iguales?
Cuándo los
catalanes,
vascos,
maños,
andaluces,
gallegos,
castellanos,
canarios
y el resto
de naciones
de España
volveremos
a ser iguales
ante la
Ley y el
Gobierno?
No soy quién
para juzgar,
pues ni soy
juez,
ni soy un
santo, pero,
sin embargo,
soy un ciudadano,
un ciudadano
con derecho a
voto, a expresarme,
a opinar y
a valorar
sin
interferencia
externa
la política
de mis
Patrias
y Estados
que hoy
vengo a
ejercer de lleno
este derecho.
En fin,
Triana,
prepárate,
que en
una semana
los pasos y
costaleros
recorrerán
tus calles,
así que
arréglate,
ponte peineta,
mantilla
y traje
de lunares
y vive con
emoción
la ejemplar
Semana Santa
Sevillana,
un ejemplo
para todo el
mundo y
universo.
a dónde mi
persona viaja en
cada poesía.
Tierra de fé,
humildad, arte,
alegría y
duendes.
Triana, tierra
de mantones,
cirios, rosas
y costales,
tierra, al igual
que toda
Andalucía
de poetas.
Tierra dónde
duerme
Santa
Ana,
abrazada
por el río
que ha dado el
aliento a tantos
y tantos
poetas,
músicos
y musas.
Ay, Triana,
hoy te quiero
confesar mis
miedos.
La España en
la que nací
y viví mi
niñez,
por desgracia,
la llevan
años ya
fusilando.
El PSOE,
el partido
que en antaño
era del pueblo,
ahora, Triana,
ya lo es sólo
de una élite
maquiavélica.
Oh, Triana,
yo no estoy
libre de
pecado
para poder
tirar yo
la primera
piedra,
más, sin
embargo,
mi miedo es
cómo el Guadalquivir.
El mundo está
envuelto en
gasolina,
y una chispa,
que la Divina
Pastora
no quiera que
llegué,
es la necesaria
para que se
envuelva,
si no lo está ya,
en llamas.
Llamas tan
altas cómo las
hogueras de San Juan.
Ay, Triana,
bañada por
el bello
Guadalquivir,
¿A dónde
va el Mundo?
Y Andalucía?
Y España?
Cada día,
más y más
negacionistas
del Cambio Climático
ocupan los
despachos
presidenciales
del mundo.
Mercaderes
de templo
que sólo sirven
al dinero,
prefiriendo
dejar un mundo
oscuro y gris
antes que sin dinero.
Oh, Triana,
mis dieciocho
años han
sido testigos.
Testigos de
cómo la
España del
respeto,
la comunicación,
la honradez,
la moderación,
la fraternidad,
el amor al
arte y a
la diversidad,
ya no existe.
Soy testigo
de cómo
la ultraderecha
avanza, impasible,
de cómo la
cultura es
politizada
y la lengua,
de cómo se
impone una
lengua sobre
otra,
de cómo se
discrimina al
que no habla
su lengua.
Testigo de cómo
las mezquitas
crecen y
se llenan,
y cómo las
iglesias cada
día están más
vacías,
de cómo los
claustros son
politizados y
desprestigiados.
De cómo,
Triana, un
gobierno
ignora a su pueblo,
De cómo este
Poncio Pilato
se lavó las
manos con
“Es que no
nos lo pidieron”,
mientras él
festejaba en India.
De cómo, Triana,
tu tierra, Andalucía,
se ha convertido
en una orquídea,
la cuál surgió
ante la muerte
y defunción
de tu rosa roja,
que ahora es
negra cómo el
carbón y la
pólvora,
y la mano
que te daba
la rosa roja,
que era blanca,
ahora está
su guante
blanco teñido,
manchado,
por la sangre
de los
valencianos
y víctimas
del terrorismo,
de los
asesinados
por delito de odio,
de la Educación,
asesinada cruel
y ferozmente
por Celáa.
Oh, Triana,
¿Qué hacemos?
Cómo volvemos
a la bella España?
Ay, Triana,
que nos gobierna
ahora un hombre
desde Bruselas
por sólo 7
escaños.
¿Eso vale España?
7 votos?
Si es así,
Triana,
al parecer ya
no somos iguales.
Mi testimonio
de hombre
ya vale menos,
mi opinión
cómo católico
y defensor
de la igualdad
de los españoles
y las españolas,
ya no cuenta
para la élite
populista.
Ay, Triana,
¿Cuándo
volverá la
fé a ser respetada?
Cuándo los
musulmanes,
judíos,
evangélicos,
ortodoxos,
Testigos de
Jehová,
mormones
y tantos
distintos
credos de
España
volveremos
a abrazarnos
y ser
iguales?
Cuándo los
catalanes,
vascos,
maños,
andaluces,
gallegos,
castellanos,
canarios
y el resto
de naciones
de España
volveremos
a ser iguales
ante la
Ley y el
Gobierno?
No soy quién
para juzgar,
pues ni soy
juez,
ni soy un
santo, pero,
sin embargo,
soy un ciudadano,
un ciudadano
con derecho a
voto, a expresarme,
a opinar y
a valorar
sin
interferencia
externa
la política
de mis
Patrias
y Estados
que hoy
vengo a
ejercer de lleno
este derecho.
En fin,
Triana,
prepárate,
que en
una semana
los pasos y
costaleros
recorrerán
tus calles,
así que
arréglate,
ponte peineta,
mantilla
y traje
de lunares
y vive con
emoción
la ejemplar
Semana Santa
Sevillana,
un ejemplo
para todo el
mundo y
universo.